Guía de Oraciones

1. Ofrecimiento de obras al levantarse

Invocación

V. El salmista cantaba: “Yo dedico mis obras al Señor”. Dedica tus obras al Señor, que es nuestra alegría:

R. Señor, Dios omnipotente, que nos has hecho llegar al principio de este día, fortalécenos hoy con tu gracia para que no caigamos en pecado alguno, sino que todos nuestros pensamientos, palabras y obras se dirijan a practicar tu santa ley, como miembros vivos de la Iglesia militante.

Oración a la Santísima Virgen María

¡Madre de Cristo, Madre de la Iglesia y Madre mía! Yo me ofrezco del todo a Ti, en prueba de mi filial afecto, te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, Madre de bondad, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén.

Al ángel de la guarda.

Ángel del Señor, que eres mi custodio, puesto que la Providencia soberana me encomendó a ti, ilumíname, guárdame, rígeme y gobiérname en este día. Amén.

2. Laudes
  1. V. Dios mío, ven en mi auxilio.
  2. R. Señor, date prisa en socorrerme.
  3. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. (T.P. Aleluya)

Himno

Libra mis ojos de la muerte;

dales la luz que es su destino.

Yo, como el ciego del camino,

pido un milagro para verte.

Haz de esta piedra de mis manos

una herramienta constructiva;

cura su fiebre posesiva, y ábrela

al bien de mis hermanos.

Que yo comprenda, Señor mío,

al que se queja y retrocede;

que el corazón no se me quede

desentendidamente frío.

Guarda mi fe del enemigo

-¡tantos me dicen que estás muerto!…

Tú que conoces el desierto,

dame tu mano y ven conmigo.

Salmodia

Antífona 1: Por Ti madrugo, Dios mío, para contemplar tu fuerza y tu gloria.

Salmo 62, 2-9

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,

mi alma está sedienta de ti;

mi carne tiene ansia de ti,

como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡ Cómo te contemplaba en el santuario

viendo tu fuerza y tu gloria!

Tu gracia vale más que la vida,

te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré

y alzaré las manos invocándote.

Me saciaré como de enjundia y de manteca,

y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti

y velando medito en ti,

porque fuiste mi auxilio,

y a la sombra de tus alas canto con júbilo;

mi alma está unida a ti,

y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre, y al Hijo,

y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona: Por Ti madrugo, Dios mío, para contemplar tu fuerza y tu gloria.

Antífona 2: Cantemos un himno al Señor, nuestro Dios. Aleluya.

Del Libro de Daniel 3, 52-57

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres:

a Ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito tu nombre, santo y glorioso:

a Ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria:

a Ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres sobre el trono de tu reino:

a Ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres Tú, que sentado sobre querubines sondeas los abismos:

a Ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en la bóveda del cielo:

a Ti gloria y alabanza por los siglos.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor;

ensalzadlo con himnos por los siglos.

Gloria al Padre, y al Hijo,

y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona: Cantemos un himno al Señor, nuestro Dios. Aleluya.

Antífona 3: Alabad al Señor todas las naciones

Salmo 116

Alabad al Señor todas las naciones,

aclamadlo todos los pueblos:

Firme en su misericordia con nosotros,

su fidelidad dura por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo,

y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona: Alabad al Señor todas las naciones.

Lectura breve Ezequiel 36, 25-27

“Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar; y os daré un cora-zón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo.

Arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos”.

Responsorio breve

  1. V. En la mañana hazme escuchar tu gracia.

R.. En la mañana hazme escuchar tu gracia.

  1. Indícame el camino que he de seguir.

R.. Hazme escuchar tu gracia.

  1. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
  2. R. En la mañana hazme escuchar tu gracia.

Cántico evangélico.

Antífona: Sirvamos, con santidad, al Señor todos nuestros días.

Cántico de Zacarías, Lc 1,68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra

de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian,

realizando la misericordia

que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza,

y el juramento que juró a nuestro Padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a Ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor,

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el Sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tinieblas

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona: Sirvamos, con santidad, al Señor todos nuestros días.

Preces:

  1. Adoremos a Cristo que, en virtud del Espíritu Santo se ofreció a Dios como sacrificio sin mancha, para purificar nuestra conciencia de las obras muertas, y digámosle con fe:

R.. Nuestra paz, Señor, es cumplir tu voluntad.

  1. Tú que nos has dado la luz del nuevo día, concédenos también, Señor, caminar por sendas de vida nueva, unidos por la Gracia a todos los miembros de tu Iglesia.

R.. Nuestra paz, Señor, es cumplir tu voluntad.

  1. Tú que todo lo has creado con tu poder y con tu providencia lo conservas todo, ayúdanos a descubrirte presente en todas tus criaturas; te ofrecemos Señor, nuestro ser y nuestro obrar, nuestro pensar, sentir y querer, a fin de que todo sirva a tu gloria.

R.. Nuestra paz, Señor, es cumplir tu voluntad.

  1. Ya que deseamos que la luz de Cristo ilumine a todos los hombres, pidamos al Padre que a todos llegue el reino de su Hijo.
  2. Invoquemos al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, con la plegaria que él mismo nos enseñó:
  3. Padre nuestro…

Oración:

Señor, Dios todo poderoso, te pedimos nos concedas que, del mismo modo que hemos cantado tus alabanzas en esta celebración matutina, así las podamos cantar también plenamente, con la asamblea de tus santos, por toda la eternidad. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo que es Dios y que contigo vive y reina en unidad con el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.

  1. Amén.
  2. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
  3. Amén.
3. Saludos a la Santísima Virgen

Angelus

V. El Ángel del Señor anunció a María.

R. Y concibió del Espíritu Santo.

V. Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita Tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

R. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

V. He aquí la esclava del Señor.

R. Hágase en mí según tu palabra.

    1. Dios te salve, María,…

    V. Y el Verbo se hizo carne.

    R. Y habitó entre nosotros.

      1. Dios te salve, María,…

      V. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios.

      R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.

      Oremos: Te pedimos Señor infundas tu gracia en nuestros corazones, para que, los que hemos conocido por el anuncio del ángel el misterio de la Encarnación de tu Hijo, seamos conducidos a la gloria de la resurrección, por los méritos de su pasión y cruz. Por Jesucristo nuestro Señor.

      R. Amén.

      V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

      R. Como era en un principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén. (Tres veces)

      Regina Coeli (Tiempo pascual)

      V. Reina del cielo, alégrate, aleluya.

      R. Porque el Señor, a quien has merecido llevar, aleluya.

      V. Ha resucitado, según su palabra, aleluya.

      R. Intercede por nosotros ante Dios, aleluya.

      V. Goza y alégrate, Virgen María, aleluya.

      R. Porque resucitó verdaderamente el Señor, aleluya.

      Oremos: Oh Dios, que por la resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, la Virgen María, llegar a alcanzar los goces eternos. Por Jesucristo nuestro Señor.

      R. Amén.

      Gloria al Padre… (Tres veces)

      Angelus (texto latino)

      V. Angelus Dómini nuntiávit Maríae,

      R. Et concépit de Spíritu Sancto.

        1. Ave, Maria…

        V. Ecce ancílla Dómini,

        R. Fiat mihi secúndum verbum tuum.

          1. Ave, Maria…

          V. Et Verbum caro factum est;

          R. Et habitavit in nobis.

            1. Ave, Maria…

            V. Ora pro nobis, Sancta Dei Genetrix,

            R. Ut digni efficiámur promissionibus Christi.

            Oremus: Grátiam tuam, quaésumus, Dómine, méntibus nostris infúnde, ut qui,

              1. Angelo nuntiánte, Christi Fílii tui Incarnatiónem cognóvimus, per passiónem ejus et crucem ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per Christum Dóminun nostrum.

              R.

              Regína Coeli (texto latino)

                1. Regína coeli, laetáre, allelúia:

                  Quia quem meruísti portáre, allelúia,

                  Resurréxit, sicut dixit, allelúia.

                  Ora pro nóbis Déum, allelúia.

                Gáude et laetáre, Vírgo María, allelúia.

                Quia surréxit Dóminus vere, allelúia.

                Orémus: Deus, qui per resurrectiónem Fílii tui Dómini nostri Iesu Christi mundum laetificáre dignátus es, praesta, quáesumus, ut per eius Genitrícem Vírginem Maríam, perpétuae capiámus gáudia vitae. Per Christum Dóminum nostrum.

                Amen.

                4. Meditación

                La oración es un diálogo personal e íntimo con Dios. Actúa tu Fe. En asistencia del Espíritu Santo. Recuerda que El es el dulce huésped de tu alma, actúa en tu santificación personal.

                Oración preparatoria

                V. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu Amor. Envía tu Espíritu creador.

                R. Y renovarás la faz de la tierra.

                V. ¡Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo! Concédenos que guiados por este mismo Espíritu, obremos rectamente y gocemos siempre de sus consuelos. Por Jesucristo nuestro Señor.

                R. Amén.

                Haz ahora un breve silencio, deja actuar tu fe, esperanza y caridad, pide al Padre en unión con Cristo.

                Toma el Evangelio, y haz tu meditación.

                Después de la meditación da, brevemente, gracias a Dios por las luces recibidas. Pide perdón por las distracciones y ten presente a tus hermanos.

                5. Celebración Eucarística

                El cristiano debe sentir el ansia redentora. No hay Re-dención sin el Sacrificio de la Cruz, que se revive y se perpetua sacramentalmente en la celebración de la Santa Misa.

                La Misa es la acción de gracias de la Iglesia por las ma-ravillas que Dios obra constantemente, salvándonos en la Pascua de Cristo, muerto y resucitado.

                La Misa es el Memorial de la Pasión y Muerte del Señor, y el Anuncio de su retorno final.

                La Misa es el banquete de Comunión de los bautizados en Cristo, sentados alrededor de la mesa del Padre.

                La Misa es el Signo de la unidad de la Iglesia que, partici-pando de un mismo pan y de un mismo cáliz, estrecha los vínculos del Amor.

                La Misa es el gran Encuentro entre Dios Salvador y el hombre salvado por medio de Cristo, Sacerdote de la Nueva Alianza.

                Recoge tus sacrificios de este día, los pecados de tu pue-blo, las ansias de tu familia, el anhelo de toda la Humanidad y vive tu Misa.

                A. Ritos iniciales

                Todos de pie. Se canta el introito mientras el celebrante se acerca al altar y lo besa.

                S. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

                P. Amén.

                1. Saludo al pueblo

                S. El Señor esté con vosotros.

                P. Y con tu Espíritu.

                2. Acto penitencial

                S. Hermanos: para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados. (Breve silencio)

                P. Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión: (golpeándose el pecho) Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

                S. Dios todo poderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

                P. Amén.

                3. Invocaciones

                V. Señor, ten piedad.

                R. Señor, ten piedad.

                V. Cristo, ten piedad.

                R. Cristo, ten piedad.

                V. Señor, ten piedad.

                R. Señor, ten piedad.

                4. Gloria

                S. Gloria a Dios en el cielo,

                P. Y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey Celestial, Dios Padre Todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.

                5. Oración colecta

                S. Oremos.

                (Breve silencio y el sacerdote dice la oración)

                P. Amén.

                B. Liturgia de la palabra. (Sentados)

                1. Primera lectura

                L. Palabra de Dios.

                P. Te alabamos, Señor.

                2. Salmo responsorial (Cantado por el Salmista o leído por el Lector. El Pueblo responden con una antífona).

                3. Segunda lectura (Si la hubiere).

                L. Palabra de Dios.

                P. Te alabamos, Señor.

                De pie. Se canta el “Aleluya” o puede suprimirse si no se canta

                4. Evangelio

                S. El Señor esté con vosotros.

                P. Y con tu Espíritu.

                S. Lectura del Santo Evangelio según San …

                P. Gloria a Ti, Señor.

                Al acabar la lectura del Evangelio:

                S. Palabra del Señor.

                P. Gloria a Ti , Señor Jesús.

                5. Homilía (Sentados)

                6. Credo o Símbolo apostólico (De pie)

                S. Creo en Dios,

                P. Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, (inclinación) que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

                O bien:

                Credo (Niceno-constantinopolitano)

                S. Creo en un solo Dios,

                P. Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios ver-dadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma Naturaleza que el

                Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo y por obra del Espíritu Santo (inclinación) se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato: padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según la Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas: Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

                7. Oración de los fieles

                Se responde a cada una de las plegarias letánicas con la invocación que ha propuesto el diácono, el lector o el mismo celebrante.

                C. Liturgia eucarística

                1. Presentación de las Ofrendas

                S. Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.

                P. Bendito seas por siempre, Señor.

                S. Bendito seas, Señor Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.

                P. Bendito seas por siempre, Señor.

                S. Orad, hermanos y hermanas, para que este sacrificio, mío y vuestro, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.

                P. El Señor reciba de tus manos este sacrificio para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su Santa Iglesia.

                De pie: el Celebrante dice la oración sobre las ofrendas.

                P. Amén.

                2. Plegaria eucarística

                S. El Señor esté con vosotros.

                P. Y con tu espíritu.

                S. Levantemos el corazón.

                P. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

                S. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

                P. Es justo y necesario.

                El sacerdote canta o recita el prefacio.

                T. Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.

                Texto de la plegaria eucarística III

                S. Santo eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus criaturas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.

                Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para Ti, de manera que sean Cuerpo y Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó celebrar estos misterios.

                Durante la Consagración del Pan y Vino se estará de rodillas, o en pie si hay causa razonable (IGMR 21)

                Porque El mismo, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

                Tomad y comed todos de él,

                porque esto es mi Cuerpo,

                que será entregado por vosotros.

                Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos, diciendo:

                Tomad y bebed todos de él,

                porque éste es el cáliz de mi Sangre,

                Sangre de la alianza nueva y

                eterna, que será derramada

                por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados.

                Haced esto en conmemoración mía.

                Este es el Sacramento de nuestra fe.

                P. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

                S. Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memo-rial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo.

                Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la San-gre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.

                Que él nos transforme en ofrenda perma-nente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, los apóstoles y los mártires, (Santo del día o patrono) y todos los santos, por cuya inter-cesión confiamos obtener siempre tu ayuda.

                Te pedimos, Padre, que esta Víctima de re-conciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la cari-dad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa (Nombre), a nuestro obispo (Nombre), al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti.

                Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia.

                Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo.

                A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria, por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.

                Por Cristo, con El y en El, a Ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.

                P. Amén.

                D. Rito de la comunión

                1. Preparación: la oración dominical

                S. Fieles a la recomendación del Salvador y si-guiendo su divina enseñanza nos atrevemos a decir:

                T. Padre nuestro, que estás en el cielo, santifi-cado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos de-jes caer en la tentación, y líbranos del mal.

                S. Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturba-ción, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.

                P. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor.

                S. Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: “La paz os dejo, mi paz os doy”, no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Igle-sia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.

                Tú que vives y reinas por los siglos.

                P. Amén.

                S. La paz del Señor esté siempre con vosotros.

                P. Y con tu espíritu.

                S. Daos fraternalmente la paz. (Todos los fieles se intercambian la paz).

                2. Fracción del pan

                P. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

                Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

                Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.

                3. Comunión del sacerdote y del pueblo.

                S. Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.

                P. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme. Al dar la comunión a los fieles, el ministro dice:

                El Cuerpo de Cristo“,

                y el que comulga responde:

                Amén“.

                Sentados o de rodillas, durante unos minutos en silencio y recogidos, los fieles dan gracias.

                4. Oración después de la comunión (De pie)

                S. Oremos. (…) nuestro Señor.

                P. Amén.

                E. Ritos de conclusión (De pie)

                S. El Señor esté con vosotros.

                P. Y con tu espíritu.

                S. La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre voso-tros.

                P. Amén.

                S. Podéis ir en paz.

                P. Demos gracias a Dios.

                6. Acción de gracias de la Santa Misa

                Acabas de participar en la Santa Misa. Tienes en tu alma el Maestro que te adoctrina. Tienes al Redentor que quiere salvarte, el Señor que debe regir tu vida. Ha llegado a ti en apariencia de pan y de vino. ¿Vas a levantarte sin agradecérselo? Todo canta su gloria. ¿Callarás tú? Dile, más que con los labios, con el alma, tu acción de gracias.

                Alma de Cristo

                V. Alma de Cristo,

                R. Santifícame.

                V. Cuerpo de Cristo,

                R. Sálvame.

                V. Sangre de Cristo,

                R. Embriágame.

                V. Agua del costado de Cristo,

                R. Purifícame.

                V. Pasión de Cristo,

                R. Confórtame.

                V. ¡Oh buen Jesús!,

                R. Oyeme.

                V. Dentro de tus llagas,

                R. Escóndeme.

                V. No permitas,

                R. Que me aparte de Ti.

                V. Del maligno,

                R. Defiéndeme.

                V. En la hora de mi muerte,

                R. Llámame.

                V. Y mándame ir a Ti,

                R. Para que con tus Santos te alabe, por los siglos de los siglos. Amén.

                (Indulgencia parcial)

                Oración a Jesús crucificado

                Mírame, oh bueno y dulcísimo Jesús: en tu presencia me postro de rodillas, y con el mayor fervor de mi alma te pido y suplico que imprimas en mi corazón vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad, verdadero dolor de mis pecados y propósito firmísimo de enmendarme; mientras con gran afecto y dolor considero y contemplo en mi alma tus cinco llagas, teniendo ante mis ojos aquello que ya el profeta David ponía en tus labios acerca de ti: “Me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos” (Salmo 21, 17-18).

                Al fiel cristiano que rece piadosamente esta oración ante la imagen de Jesucristo crucificado, después de la comunión, se le concede indulgencia plenaria en cualquier viernes del tiempo de Cuaresma; en los demás días del año, indulgencia parcial.

                Consagración al Sagrado Corazón de Jesús.

                (San Ignacio de Loyola)

                Tomad Señor, y recibid, toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y poseer, Vos me lo disteis, a Vos, Señor, os lo torno. Todo es vuestro, disponed a vuestra voluntad. Dadme vuestro Amor y Gracia que esto me basta.

                Oración a la Santísima Virgen María.

                María, Virgen y Madre santísima: he recibido a tu Hijo, Jesucristo, a quien concebiste en tu seno inmaculado, diste a luz, alimentaste y arrullaste en tu regazo. Ahora vengo ante ti, con Él en mi corazón, para pedirte humildemente que me enseñes a amarlo como tú lo amas y para que sepa ofrecerlo, como tú, al Padre Eterno por mis necesidades y las necesidades de todo el mundo.

                Intercede por mí, Madre llena de amor, para que obtenga yo el perdón de todos mis pecados, la gracia de servir a Cristo con mayor fidelidad, de ahora en adelante, y el don de la perseverancia final, para que pueda alabarlo, en tu compañía, por los siglos de los siglos. Amén.

                Himno de los tres jóvenes

                V. Cantemos el himno de los tres jóvenes; aquel que cantaban los santos en el horno ar-diente, bendiciendo al Señor.

                A B. Bendecid al Señor, cantad su gloria,

                todas las obras de su mano excelsa;

                alabad su virtud, cantad su nombre en

                la presente edad y en las eternas.

                B. Alabad al Señor, ángeles santos, que

                a su trono asistís con reverencia.

                Bendecid al Señor, cielos hermosos,

                con todo lo que abraza vuestra esfera.

                A. Bendecid al Señor, todas las aguas,

                que tenéis sobre el cielo residencia;

                virtudes del Señor, bendecid todas

                su soberana e invencible fuerza.

                B. Bendecid al Señor, el sol y la luna

                con brillantes destellos e influencias.

                Bendecid también con vuestra luces

                brillantes y magníficas estrellas.

                A. Bendecid al Señor, blancos rocíos,

                bendecidle también las lluvias frescas.

                Bendecid al Señor todos los vientos,

                que sois ministros de su Omnipotencia.

                B. Bendecid al Señor, fuego y calores,

                que en el verano desecáis la tierra;

                bendecid al Señor, fríos terribles

                que el agua cuajan y la nieve hielan.

                A. Bendecid al Señor, nieblas y escarchas,

                que de los montes coronáis las crestas.

                Bendecid al Señor, días y noches,

                ya turbadas estéis o ya serenas.

                B. Bendecid al Señor, en todos tiempos,

                a todas horas, luces y tinieblas.

                Bendecid al Señor, nubes opacas,

                que al relámpago dais su luz funesta.

                A. Bendíganle, la tierra y sus espacios,

                del Señor alabando sus grandezas,

                y exaltando su nombre soberano

                a todo lo que el hombre alcanzar pueda.

                B. Bendecid al Señor, montes soberbios

                con los amenos cerros y florestas,

                y todo lo que crece y se produce

                como las flores, plantas y las hierbas.

                A. Bendecid al Señor fuentes sonoras,

                que nacéis entre flores y entre arenas.

                Bendecid al Señor, mares y ríos,

                cuyas aguas las naves atraviesan.

                B. Bendecid al Señor,cuanto en las aguas vive, desde la ostra a la ballena.

                Bendecid al Señor, todas las aves,

                que voláis por los aires, tan ligeras.

                A. Bendecid al Señor, todos los brutos,

                todos los animales y las fieras.

                Bendecid al Señor, todos los hombres,

                y alabad todos su bondad eterna.

                B. Que a su Dios, Israel, tierno, bendiga,

                cante su gloria, alabe su grandeza,

                más allá de los siglos de los siglos

                y cuantos siglos no haya ni haber pueda.

                A. Bendecid al Señor, sus sacerdotes,

                bendecidle sus siervos con terneza;

                bendecidle también, almas virtuosas

                y los que, humildes, con amor le ruegan.

                B. Bendecidle, Ananías, Azarías

                y Misael, que a todos los liberta.

                Alabad todos y cantad su gloria

                desde ahora a la vida sempiterna.

                A. Bendigamos al Padre con el Hijo,

                y al Amor de Ambos, Trinidad suprema.

                Celebremos la gloria del Dios solo,

                Trino en persona, único en esencia.

                A – B. Bendito eres, Señor, en lo más alto

                de la sublime y celestial esfera.

                Que sobre todo seas siempre amado

                y que ensalzado por los siglos seas.

                V. Oh Dios, que a los tres jóvenes mitigaste las llamas del fuego; concede propicio que no abrase a tus siervos la llama de los vicios.

                Señor, que tu gracia inspire, sostenga y acompañe nuestras obras, para que nuestro trabajo comience en Ti, como en su fuente, y tienda siempre a Ti, como a su fin.

                Haz, Señor, que se apaguen enteramente en nosotros las llamas de los vicios, Tú, que diste al bienaventurado San Lorenzo fuerzas para hacerse superior al incendio de las llamas de su suplicio. Por Jesucristo nuestro Señor.

                R. Amén.

                7- Oración del mediodía

                Examen particular

                Revisión de los puntos principales de mi programa de vida cristiana, compromisos y horario.

                Revisión de algunos aspectos de mi examen particular del día anterior:

                1. Virtudes que quiero adquirir o fortalecer.
                2. Defectos y pecados que me esfuerzo en abandonar.

                Angelus

                8. Santo Rosario

                Compendio de nuestra Religión y breviario de los fieles ha sido llamado el Santo Rosario.

                El pueblo cristiano lo dedica, hace siglos, a la Virgen. Los Papas han pedido insistentemente su rezo. En Lourdes y Fátima, la misma Señora lo ha urgido a la cristiandad.

                Con devoción ferviente, con la convicción propia del que conoce su trascendencia y eficacia, sabiendo que meditas los misterios de nuestra salvación en comunión con la Madre del Señor, nuestra Madre Corredentora, Madre de la Iglesia, saluda filialmente a María; reza cada día tu Rosario.

                En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Es-píritu Santo.

                Amén.

                Acto de contrición.

                ¡Señor mío Jesucristo!, Dios y Hombre verda-dero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confe-sarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.

                Ofrecimiento (formular alguna intención)

                Misterios de Gozo (Lunes y Sábado)

                1. La Encarnación del Hijo de Dios.

                (Se reza Padrenuestro, 10 Avemarías y Gloria)

                1. La Visitación de María Santísima.
                2. El nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo.
                3. La Presentación del Hijo de Dios en el Templo, y la Purificación de la Virgen María.
                4. El Niño Jesús, perdido y hallado en el Templo.

                Misterios de Luz (Jueves)

                1. El Bautismo de Jesún en el Jordán.
                2. Las Bodas de Caná.
                3. El anuncio del Reino, invitando a la conversión.
                4. La transfiguración del Señor.
                5. La Institución de la Eucaristía.

                Misterios de Dolor (Martes y Viernes)

                1. La oración de Jesús en el Huerto de Getse-maní.
                2. La Flagelación de Cristo atado a la columna.
                3. La coronación de espinas.
                4. Jesús con la Cruz a cuestas.
                5. La Crucifixión y Muerte del Redentor.

                Misterios de Gloria (Miércoles y Domingo)

                1. La Resurrección victoriosa de nuestro Señor Jesucristo.
                2. Ascensión de Jesucristo al cielo.
                3. La venida del Espíritu Santo el día de Pente-costés.
                4. La Asunción de la Santísima Virgen María en cuerpo y alma al cielo.
                5. La Coronación de María Santísima como Reina y Señora de cielo y tierra.

                Salve (al finalizar el 5º Misterio)

                Letanías de María Santísima

                1. V. Señor, ten piedad.
                2. R. Señor, ten piedad.
                3. V. Cristo, ten piedad.
                4. R. Cristo, ten piedad.
                5. V. Señor, ten piedad.
                6. R. Señor, ten piedad.
                7. V. Cristo, óyenos.
                8. R. Cristo, óyenos.
                9. V. Cristo, escúchanos.
                10. R. Cristo, escúchanos
                11. V. Dios, Padre celestial.
                12. R. Ten misericordia de nosotros.
                13. V. Dios, Hijo, Redentor del mundo.
                14. R. Ten misericordia de nosotros.
                15. V. Dios Espíritu Santo.
                16. R. Ten misericordia de nosotros.
                17. V. Trinidad Santa, un sólo Dios.
                18. R. Ten misericordia de nosotros.
                19. V. Santa María.
                20. R. Ruega por nosotros (se repite en cada una de las invocaciones siguientes).
                21. V. Santa Madre de Dios.

                Santa Virgen de las Vírgenes.

                Madre de Cristo.

                Madre de la Iglesia.

                Madre de la divina gracia.

                Madre purísima.

                Madre castísima.

                Madre intacta.

                Madre incorrupta.

                Madre inmaculada.

                Madre amable.

                Madre admirable.

                Madre del Buen Consejo.

                Madre del Creador.

                Madre del Salvador.

                Virgen prudentísima.

                Virgen digna de veneración.

                Virgen digna de alabanza.

                Virgen poderosa.

                Virgen clemente.

                Virgen fiel.

                Espejo de justicia.

                Torre de sabiduría

                Causa de nuestra alegría

                Vaso espiritual

                Vaso venerable.

                Vaso insigne de devoción.

                Rosa mística.

                Torre de David.

                Torre de marfil.

                Casa de Oro.

                Arca de la alianza.

                Puerta del cielo.

                Estrella de la mañana.

                Salud de los enfermos.

                Refugio de los pecadores.

                Consoladora de los afligidos.

                Auxilio de los cristianos.

                Reina de los Ángeles.

                Reina de los Patriarcas.

                Reina de los Profetas.

                Reina de los Apóstoles.

                Reina de los Mártires.

                Reina de los Confesores.

                Reina de las Vírgenes

                Reina de todos los Santos.

                Reina concebida sin mancha original.

                Reina Asunta al cielo.

                Reina del Santísimo Rosario.

                Reina de la Paz.

                Reina de los fieles laicos.

                1. V. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
                2. Perdónanos, Señor.
                3. V. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
                4. R. Escúchanos, Señor.
                5. V. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
                6. R. Ten misericordia de nosotros.
                7. V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
                8. R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
                9. V.

                Te pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos, gocemos siempre de salud de alma y cuerpo, y por la intercesión de Santa María, la Virgen,

                líbranos de las tristezas de este mundo y concédenos las alegrías del cielo. Por Jesucristo nuestro Señor.

                R. Amén.

                9. Oraciones para la exposición y bendición con el Santísimo Sacramento.

                Cristo está aquí. Tienes ahora ocasión de testimoniarle, en su presencia, cuanto ansía decirle tu corazón.

                Porque te quiere, porque lo necesitas, porque es tu Amigo, quiso quedarse entre nosotros.

                La Eucaristía, que es el centro de la vida litúrgica, ha de ser también el centro de tu piedad.

                Ante la presencia real de tu Maestro, de tu Señor, de tu Amigo, canta, con ardor, con vibración y con entusiasmo jubiloso, los himnos de amor con que la Santa Iglesia canta a Jesús Sacramentado.

                Pange, língua

                Pange, língua, gloriósi

                Córporis mystérium,

                Sanguinísque pretiósi,

                quem in múndi prétium

                frúctus véntris generósi

                Rex effúdit géntium.

                Nóbis dátus, nóbis nátus

                ex intácta Vírgine,

                et in múndo conversátus,

                spárso vérbi sémine,

                súi móras incolátus

                miro clausit órdine.

                In suprémae nócte coénae,

                recúmbens cum frátribus,

                observáta lége plene,

                cíbis in legálibus,

                cíbum túrbae duodénae

                se dat súis mánibus.

                Vérbum cáro, pánem vérum,

                Vérbo cárnem éfficit,

                fítque sánguis Chrísti mérum:

                et si sénsus déficit,

                ad firmándum cor sincérum

                sóla fídes súfficit.

                Tantum ergo

                Tantum ergo, Sacraméntum

                venerémur cérnui;

                et antíquum documéntum

                nóvo cédat rítui;

                praéstet fídes supplementúm

                sénsuum deféctui.

                Genitóri, Genitóque,

                laus et jubilátio;

                sálus, hónor, vírtus quoque

                sit et benedíctio:

                procedénti ab utróque

                cómpar sit laudátio.

                Amen.

                1. Pánem de caélo praestitísti éis. (Allelúia)
                2. Omne delectaméntum in se habéntem. (Allelúia)

                Oremus.

                Deus, qui nobis sub Sacraménto mirábili passiónis tuae memóriam reliquísti; tríbue quaésumus, ita nos córporis et sánguinis tui sacra mystéria venerári; ut redemptiónis tuae fructum in nobis júgiter sentiámus. Qui vivis et regnas in saécula saeculórum.

                1. Amen.

                Invocaciones en reparación de las blasfemias.

                Bendito sea Dios.

                Bendito sea su Santo Nombre.

                Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre.

                Bendito sea el nombre de Jesús.

                Bendito sea su Sacratísimo Corazón.

                Bendita sea su preciosísima Sangre.

                Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.

                Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.

                Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.

                Bendito sea su santa e inmaculada Concepción.

                Bendita sea su gloriosa Asunción.

                Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre.

                Bendito sea San José, su castísimo Esposo.

                Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos.

                Laudáte Dóminum

                Laudáte Dóminum ómnes géntes;

                laudáte éum, ómnes pópuli.

                Quóniam confirmáta est super nos misericórdia éjus;

                et véritas Dómini mánet in aetérnum.

                Glória Patri…

                Sacris solemniis…

                Sacris solemniis juncta sint gaudia.

                Et ex praecordiis sonnent praeconia.

                Recedent vetera, nova sint omnia:

                Corda, voces et opera.

                Noctis recólitur coena novísima,

                Qua Christus créditur agnum et ázyma

                Dedísse frátribus, juxta legítima

                Priscis indúlta pátribus.

                Post agnum typicum, explétis épulis,

                Corpus Domínicum datum discípulis,

                Sic totum ómnibus, quod totum síngulis

                Ejus fatémur mánibus.

                Dedit fragílibus córporis férculum,

                Dedit et trístibus sánguinis póculum,

                Dicens: Accípite quod trado vásculum,

                Omnes ex eo bíbite.

                Sic sacrifícum istud instítuit,

                Cujus officium commítti vóluit

                Solis presbyteris, quibus sic cóngruit,

                Ut sumant, et dent céteris.

                Panis angélicus fit panis hóminum;

                Dat panis caelicus figúris términum:

                O res mirábilis mandúcat Dóminum.

                Pauper, servus, et húmilis.

                Te trina Déitas únaque póscimus,

                Sic nos tu vísita, sicut te cólimus:

                per tuas sémitas duc nos que téndimus,

                Ad lucem quam inhábitas.

                Amen.

                Christus vincit

                Christus vincit, Christus regnat, Christus, Christus imperat.

                Pange, língua (texto castellano)

                Canta, oh lengua, del glorioso

                Cuerpo de Cristo el misterio,

                y de la Sangre preciosa

                que, en precio del mundo

                vertió el Rey de las naciones

                fruto del más noble seno.

                A nosotros se dio,

                nos nació de una Virgen sin mancilla;

                pasó su vida en el mundo

                sembrando su divina palabra,

                y terminó el lapso de su destierro

                con un prodigio final.

                En la noche de la última cena,

                sentado a la mesa con los hermanos,

                cumplidas las reglas del convite legal,

                dióse a sí mismo con sus propias manos

                en alimento a los doce.

                El Verbo hecho carne,

                por su palabra hace de su carne verdadero pan,

                y el vino se convierte en sangre de Cristo;

                y si nuestros pobres sentidos no lo perciben,

                la fe es suficiente

                para cerciorar de ello al corazón puro.

                Tantum ergo (texto castellano)

                Veneremos, pues, postrados

                tan augusto sacramento;

                y el oscuro rito antiguo

                ceda a la luz de este nuevo;

                supliendo la fe sencilla

                al débil sentido nuestro.

                Al Padre y al Hijo,

                gloria y vítores sin cuento;

                salud, honor y poder,

                bendición y gozo eterno:

                y al que procede de ambos

                demos igual alabanza.

                Amén.

                1. Nos diste el pan del cielo. Aleluya.
                2. Que contiene en si todo deleite. Aleluya.

                Oración:

                ¡Oh, Dios!, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

                1. Amén.

                Laudáte Dóminum (texto castellano)

                Alabad al Señor todas las naciones:

                aclamadlo todos los pueblos:

                Firme en su misericordia con nosotros;

                su fidelidad dura por siempre.

                Gloria al Padre…

                Sacris solemniis (texto castellano)

                Unase el gozo a las santas solemnidades;

                que las alabanzas resuenen del fondo del alma;

                fuera los viejos ritos, que todo sea nuevo:

                los corazones, las voces, las obras.

                Celebremos la noche de la última cena,

                en que Cristo dio, y así lo creemos,

                de comer a sus discípulos el cordero y los ázi-mos,

                según la ley dada a nuestros antiguos Padres.

                Después de comer el simbólico cordero,

                y terminada la cena, creemos que el Señor

                dio su cuerpo a los discípulos por sus propias manos,

                y tan entero a todos, como a cada uno de ellos.

                Dio a los flacos el alimento de su cuerpo;

                dio a los tristes la bebida de su sangre,

                diciendo: “Tomad el vaso que os entrego,

                bebed todos de él.”

                Así instituyó este sacrificio,

                cuyo ministerio quiso confiarlo sólo a los

                presbíteros, a los cuales compete

                el tomarlo y darlo a los demás.

                El pan de los ángeles se hace pan de los hom-bres;

                da el pan celestial fin a todas las antiguas

                figuras. ¡Oh cosa admirable;

                come al Señor el pobre, el siervo y el humilde.

                A ti, Dios uno y trino, te pedimos nos visites,

                así como nosotros te honramos.

                Guíanos por tus sendas al fin donde tendemos,

                hasta la luz en que moras.

                Amén.

                Christus vincit

                Cristo vence, Cristo reina, Cristo, Cristo impera.

                10. Visita al Santísimo

                Quince minutos en compañía de Jesús sa-cramentado.

                No es preciso saber mucho para agradarme mucho; basta que me ames con fervor. Háblame, pues, aquí sencillamente, como hablarías a tu madre, a tu hermano.

                ¿Necesitas hacerme en favor de alguien una súplica cualquiera? Dime su nombre, bien sea el de tus padres, bien el de tus hermanos y amigos; dime en seguida qué quisieras que hi-ciese Yo actualmente por ellos… Pide mucho, mucho; no vaciles en pedir: me gustan los corazones generosos que llegan a olvidarse, en cierto modo, de sí mismos para atender a las necesidades ajenas. Háblame, sí, con sencillez, con llaneza, de los pobres a quien quisieras consolar; de los enfermos a quienes ves padecer; de los extraviados que anhelas volver al buen camino; de los amigos ausentes que quisieras volver a ver otra vez a tu lado. Dime por todos una palabra siquiera, pero pa-labra de amigo, palabra decidida y fervorosa. Recuérdame que he prometido escuchar toda súplica que salga del corazón, y ¿no ha de salir del corazón el ruego que me dirijas por los se-res que tu corazón más especialmente ama?

                Y para ti, ¿no necesitas alguna gracia? Hazme, si quieres, como una lista de tus necesidades y ven, léela en mi presencia.

                Dime francamente que sientes orgullo, falsa delicadeza, amor a la sensualidad y al regalo; que eres tal vez egoísta, inconstante, negli-gente… y pídeme luego que venga Yo en ayuda de los esfuerzos, pocos o muchos, que haces tú para sacudirte de encima tales miserias.

                No te avergüences ¡pobre alma! ¡Hay en el Cielo tantos y tantos justos, tantos y tantos Santos de primer orden que tuvieron esos mismos defectos! Rogaron con humildad… y poco a poco se vieron libres de ellos.

                Ni menos vaciles en pedirme bienes del cuerpo y del entendimiento; salud, memoria, éxito feliz en tus trabajos, negocios o estudios… Todo eso puedo darte, y lo doy, y deseo que me lo pidas en cuanto no se oponga, antes favorezca y te ayude, a tu santificación. Hoy por hoy ¿qué necesitas? ¿Qué puedo hacer por tu bien? ¡Si conocieses los deseos que tengo de favore-certe!

                ¿Traes ahora mismo entre manos algún pro-yecto? Cuéntamelo minuciosamente. ¿Qué te preocupa? ¿Qué piensas? ¿Qué deseas? ¿Qué puedo hacer por tu hermano, por tu hermana, por tu amigo, por tu superior? ¿Qué desearías tú hacer por ellos?

                Y por Mí ¿no sientes deseos de gloria? ¿No quisieras poder hacer algún bien a tus prójimos, a tus amigos, a quienes amas tal vez mucho, y que viven quizá olvidados de Mí?

                Dime qué cosa llama hoy particularmente tu atención, qué anhelas más vivamente, y con qué medios cuentas para conseguirlo. Dime si te sale mal tu empresa, y te diré Yo la causa del mal éxito. ¿No quisieras interesarme algo en tu favor?

                Soy dueño de los corazones, y dulcemente los llevo, sin perjuicio de su libertad, a donde me place.

                ¿Sientes acaso tristeza o mal humor? Cuéntame, cuéntame, alma desconsolada, tus tristezas con todos sus pormenores. ¿Quién te hirió? ¿Quién te ha menospreciado? Acércate a mi Corazón, que tiene bálsamo eficaz para todas estas heridas del tuyo. Cuéntamelo, y acabarás en breve por decirme que, a se-mejanza de Mí, todo lo perdonas, todo lo olvidas, y en pago recibirás mi consoladora bendición.

                ¿Temes, por ventura? ¿Sientes en tu alma aquellas vagas melancolías, que no por ser in-justificadas dejan de ser muy desgarradoras? Échate en brazos de mi Providencia. Contigo estoy; aquí a tu lado me tienes; todo lo veo, todo lo oigo; ni un momento te desamparo.

                ¿Sientes desvío de parte de personas que antes te quisieron bien y ahora olvidadas, se alejan de ti, sin que les hayas dado el menor motivo? Ruega, ruega por ellas; y Yo las devolveré a tu lado, si no han de ser obstáculo a tu santificación.

                ¿Y no tienes, tal vez, alegría alguna que co-municarme? ¿Por qué no me haces partícipe de ella a fuer de buen amigo tuyo? Cuéntame lo que desde ayer, desde la última visita que me hiciste, ha consolado y hecho como sonreír tu corazón.

                Quizá has tenido agradables sorpresas, quizá has visto disipados negros recelos; quizá has recibido gratas noticias, una carta, una muestra de cariño, has vencido una dificultad, salido de un lance apurado… Obra mía es todo esto, y Yo te lo he proporcionado, ¿por qué no has de manifestarme por ello tu gratitud, y decirme sencillamente como un hijo a su padre: Gracias, Padre mío, gracias? El agradecimiento trae consigo nuevos beneficios, porque al bienhechor le agrada verse correspondido.

                ¿Tampoco tienes promesa alguna que ha-cerme? Leo, ya lo sabes, en el fondo de tu corazón; a los hombres se los engaña fácilmente, a Dios no; háblame, pues, con toda sinceridad. ¿Tienes firme resolución de no exponerte ya más a aquella ocasión de pecado? ¿de privarte de aquel objeto que te dañó? ¿de no leer más aquel libro que exaltó tu imaginación? ¿de no volver a ponerte en ocasión de pecar a causa del cine o de la televisión? ¿de no tratar más con aquella per-sona que turbó la paz de tu alma?

                ¿Volverás a ser dulce, amable y condescen-diente con aquella otra a quien, por haberte fal-tado, has mirado hasta hoy como a enemigo?

                Ahora vuelve a tus ocupaciones habituales, a tu taller, a tu familia, a tu estudio… pero no olvides los quince minutos de grata conversación que hemos tenido aquí los dos, tú y Yo, en la soledad del santuario. Guarda, en lo que puedas, silencio, modestia, recogimiento, resignación, caridad con el prójimo. Ama a mi Madre, que lo es tuya también, la Virgen Santí-sima… y vuelve otra vez mañana con el corazón más amoroso todavía, más entregado a mi servicio; en el mío encontrarás cada día un nuevo amor, nuevos beneficios, nuevos consuelos.

                Comunión espiritual

                Creo Jesús mío, que estáis en el Santísimo Sa-cramento, os amo sobre todas las cosas y quisiera teneros en mi alma; y yo que ahora no puedo recibiros Sacramentalmente, venid a lo menos espiritualmente a mi corazón. Como si hubieseis venido, os abrazo y me uno del todo a Vos. No permitáis que jamás me separe de Vos.

                (San Alfonso María de Ligorio)

                11. Oraciones de la noche

                Examen de conciencia antes de acostarse

                Preparación

                Oración

                Creo, Señor, que estás aquí presente. Te ado-ro, te amo. Dame luz para conocer mis desvia-ciones, y gracia para dolerme de ellas.

                1. Oración de la mañana

                ¿Completa?… ¿bien rezada?

                2. Meditación

                ¿Te has esforzado?… ¿has luchado contra las distracciones y el sueño?… ¿has llevado con paciencia las sequedades y arideces?… ¿Te has preocupado de hacer una meditación más afectuosa que discursiva?… ¿procuras que la meditación sea reforma y sustanciación de tu vida?

                3. Misa y comunión

                ¿Has hecho la preparación y la acción de gra-cias?… ¿con fervor, sin precipitación ni rutina?

                4. Presencia de Dios

                ¿Intentas levantar el espíritu a Dios en todo y siempre?… ¿procuras vivir esta presencia de Dios, no sólo intelectualmente, sino afectiva-mente?

                5. Visita al Santísimo, lectura espiritual, estudio, rosario, Angelus

                ¿Los has hecho con tibieza?… ¿los has omiti-do?… ¿por qué?… ¿los has hecho con atención, con reverencia, con ansia de aprovecharte?

                6. Examen de conciencia

                ¿A la hora fijada?… ¿sin pereza, sin descui-do?… ¿procuras que sirva para la auténtica re-forma de tu vida?… ¿eres en él responsable y consecuente?

                7. Confesión, dirección espiritual

                ¿Las haces ligeramente, sin enmienda, por costumbre?… ¿las has omitido?… ¿cómo te preparas?… ¿haces propósitos firmes?… ¿procuras vencer tu pasión dominante?

                8. Levantarse

                ¿Has sido puntual, presto, alegre?

                9. Ocupaciones y trabajos

                ¿Las obligatorias, las voluntarias, las impre-vistas… ¿con qué espíritu las has realizado?… ¿con qué puntualidad?… ¿con qué calidad ope-rativa?… ¿lo haces con responsabilidad, humil-dad, espíritu de servicio, con caridad?

                10. Descanso y recreación

                ¿Con qué orden y mesura?

                11. Trato con los demás

                ¿Ha habido críticas, murmuraciones o malas palabras?… ¿muestras orgullo, vanidad?… ¿eres cordial, educado, disciplinado?… ¿eres paciente y caritativo con los defectos del prójimo?

                12. Familia

                ¿Has procurado practicar actos de misericordia y de celo?… ¿has dado buen ejemplo, o bien has causado escándalo o desedificación?

                13. Durante el día

                ¿Has guardado el recogimiento interior, o bien has divagado con la imaginación y te has disipado con pensamiento vanos, inútiles o peligrosos?… ¿has perdido el tiempo?… ¿has guardado el recogimiento de los sentidos, sobre todo de la vista?… ¿has acudido en seguida a Dios y a la Virgen Santísima en tus tentaciones?… ¿has huido de los peligros?… ¿has sido en todo prudente y disciplinado?.

                Plegaria a la Santísima Virgen

                R. ¡Señora y Madre mía!. Yo me ofrezco del todo a Ti. Y, en prueba de mi filial afecto, Te consagro en esta noche mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, Madre de bondad, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén.

                Avemaría (se reza tres veces).

                V. Confiados en tu misericordia, venimos a pe-dirte el perdón que libre a nuestras almas de la ataduras que las amarran al mal.

                R.. Jesús, José y María: os doy el corazón y el alma mía.

                Jesús, José y María: asistidme en mi última agonía.

                Jesús, José y María: con vosotros descanse en paz el alma mía.

                V. Que el auxilio divino permanezca siempre con nosotros.

                R. Amén.

                V. Bendíganos y guárdenos el omnipotente y misericordioso Señor, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

                R. Amén.

                12. Completas

                En lugar de las oraciones de la noche, propuestas anteriormente, se puede rezar el oficio de completas de acuerdo con el deseo del Santo Padre en cuanto a que los seglares participen, en la medida de sus posibilidades en la plegaria de la Liturgia de las Horas.

                V. Dios mío, ven en mi auxilio.

                R. Señor, date prisa en socorrerme.

                Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo.

                Como era en el principio, ahora y siempre, por

                los siglos de los siglos.

                Amén. (T.P. Aleluya)

                Examen

                Hermanos: Llegados al fin de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos humildemente nuestros pecados.

                Breve examen de conciencia

                Yo confieso ante Dios Todopoderoso y ante vosotros hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión: por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

                Dios todo poderoso tenga misericordia de

                nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve

                a la vida eterna.

                Amén

                Himno

                Gracias, porque al fin del día

                podemos agradecerte

                los méritos de tu muerte

                y el pan de la Eucaristía;

                la plenitud de alegría

                de haber vivido tu alianza;

                la fe, el amor, la esperanza,

                y esta bondad de tu empeño

                de convertir nuestro sueño

                en una humilde alabanza.

                Gloria al Padre,

                gloria al Hijo,

                gloria al Espíritu Santo,

                por los siglos de los siglos.

                Amén.

                Salmodia

                Ant.: Mi carne descansa serena.

                Salmo 15

                Protégeme, Dios mío, que me refugio en Ti;

                yo digo al Señor: “Tú eres mi bien”. Los dioses y señores de la tierra no me satisfacen.

                Multiplican las estatuas de los dioses extraños;

                no derramaré sus libaciones con mis manos ni tomaré sus nombres en mis labios.

                El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;

                mi suerte está en tu mano;

                me ha tocado un lote hermoso;

                me encanta mi heredad.

                Bendeciré al Señor, que me aconseja;

                hasta de noche me instruye internamente.

                Tengo siempre presente al Señor;

                con él a mi derecha no vacilaré.

                Por eso se me alegra el corazón;

                se gozan mis entrañas,

                y mi carne descansa serena:

                porque no me entregarás a la muerte,

                ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

                Me enseñarás el sendero de la vida;

                me saciarás de gozo en tu presencia,

                de alegría perpetua a tu derecha.

                Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

                Como era en el principio, ahora y siempre,

                por los siglos de los siglos. Amén.

                Ant.: Mi carne descansa serena.

                Lectura breve (I Ts. 5,23)

                Que el mismo Dios de la paz os consagre to-talmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo sea custodiado sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo.

                Responsorio

                A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

                R. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

                Tú, el Dios leal, me librarás.

                R. Encomiendo mi espíritu.

                Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

                A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu

                Cántico evangélico

                Ant: Sálvanos, Señor, despiertos; protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

                Cántico de Simeón. (Lc. 2,29-32)

                Ahora, Señor, según tu promesa,

                puedes dejar a tu siervo irse en paz.

                Porque mis ojos han visto a tu Salvador,

                a quien has presentado ante todos los pueblos:

                Luz para alumbrar a las naciones

                y gloria de tu pueblo, Israel.

                Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

                Como era en el principio, ahora y siempre, por

                los siglos de los siglos. Amén.

                Ant: Sálvanos, Señor, despiertos; protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

                Oración

                Ilumina, Señor, nuestra noche,

                y concédenos un descanso tranquilo;

                que mañana nos levantemos en tu nombre,

                y podamos contemplar, con salud y gozo,

                el clarear del nuevo día.

                Por Jesucristo nuestro Señor.

                Amén.

                Conclusión

                El Señor Todopoderoso

                nos conceda una noche tranquila

                y una muerte santa.

                Amén.

                Antífona a la Santísima Virgen María

                Bajo tu protección nos acogemos,

                Santa Madre de Dios;

                no deseches las súplicas

                que te dirigimos en nuestras necesidades;

                antes bien, líbranos siempre de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita.

                Regina Coeli (Tiempo pascual)

                V. Reina del cielo, alégrate, aleluya.

                R. Porque el Señor, a quien has merecido llevar, aleluya.

                V. Ha resucitado, según su palabra, aleluya.

                R. Intercede por nosotros ante Dios, aleluya.

                V. Goza y alégrate, Virgen María, aleluya.

                R. Porque resucitó verdaderamente el Señor, aleluya.

                13. Sacramento de la reconciliación

                Al irte a confesar

                Recuerda que para confesarte bien hacen falta cinco re-quisitos:

                1. Examen de conciencia para recordar los pecados cometidos desde la última confesión bien hecha.

                2. Dolor de los pecados, que es el pesar y la pena de haber ofendido a Dios, bondad infinita.

                3. Propósito de la enmienda, de no volver a cometerlos y de luchar y esforzarse por ser mejor.

                4. Decir los pecados al confesor, con confianza y sinceridad. Sin callar ninguno por temor o vergüenza.

                5. Cumplir la penitencia, que te haya impuesto el sacerdote lo antes posible.

                Mandamientos de la ley de Dios

                1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.

                2. No tomarás el nombre de Dios en vano.

                3. Santificarás las fiestas.

                4. Honrarás a tu padre y a tu madre.

                5. No matarás.

                6. No cometerás actos impuros.

                7. No hurtarás.

                8. No dirás falso testimonio ni mentirás.

                9. No consentirás pensamientos ni deseos im-puros.

                10. No codiciarás los bienes ajenos.

                Mandamientos de la Iglesia

                1. Oír Misa entera todos los domingos y fiestas de guardar. (c. 1247)

                2. Confesar los pecados mortales al menos una vez al año, y en peligro de muerte, y si se ha de comulgar. (c.989)

                3. Comulgar por lo menos una vez al año du-rante el Tiempo pascual. (c.920 y 921)

                4. Ayunar y abstenerse de comer carne cuando lo manda la Santa Madre Iglesia.

                5. Ayudar a la Iglesia en sus necesidades.

                Pecados capitales y virtudes opuestas

                1. Soberbia Humildad

                2. Avaricia Generosidad

                3. Lujuria Castidad

                4. Ira Paciencia

                5. Gula Templanza

                6. Envidia Caridad

                7. Pereza Diligencia

                Programa de perfección:

                Aquí encontrarás no sólo preceptos que observar, sino consejos a seguir, si quieres llegar a ser un buen discípulo de Cristo.

                I. Mandamientos de la Ley de Dios.

                1.- Amarás a Dios sobre todas las cosas.

                FE

                ¿Tengo un conocimiento cada vez más perso-nal de mi religión?

                ¿He comprendido que mi religión consiste, so-bre todo, en la adhesión total y afectiva a una persona, Jesucristo, y no en un código de prohibiciones?

                ¿Soy cristiano, es decir, uno de los que han sido incorporados a Cristo, siempre y en todas las circunstancias de mi vida cotidiana?

                ¿He hecho positivos esfuerzos por instruirme en la fe mediante lecturas, estudios personales o colectivos, reuniones, charlas, Ejercicios Espirituales, Convivencias…?.

                ¿He admitido de buen grado las verdades de la religión?

                Encontrar en ellas puntos oscuros no es dudar. Hay duda culpable, cuando uno se encierra en sus dificultades, rechaza las aclaraciones y considera una verdad de la religión como po-sitivamente dudosa.

                ¿He evitado todo lo que pudiera dañarme en mi fe?

                Conversaciones, relaciones inútiles con los adversarios de la religión, programas de televi-sión, espectáculos, lecturas, prácticas supersti-ciosas…

                – ¿Estoy orgulloso de ser cristiano?

                ¿Tengo respetos humanos? ¿Me atrevo a ex-poner mis convicciones públicamente, en reu-niones, conversaciones…? ¿Bendigo la mesa delante de otras personas? ¿Llevo el escapula-rio, el rosario…?

                ¿He robustecido la fe de los demás?

                Con mi ejemplo; rectificando ideas falsas; reaccionando cuando se ofende a Dios, a la Iglesia, a la Religión; prestando libros formati-vos; aclarando dudas que me exponen…

                ESPERANZA

                ¿Tengo la firme seguridad de que Dios pone a mi disposición una eternidad feliz y los medios para conseguirla?

                Sobre todo ¿tengo absoluta confianza en su misericordia? ¿O he dudado creyendo que no podía perdonarme ciertos pecados, desalentán-dome en la lucha, pensando que ja-más superaría las dificultades?

                O, por el contrario, ¿he abusado de su miseri-cordia, diciendo para mis adentros antes de co-meter alguna falta, que ya lo arreglaría todo confesándome?

                O, lo que es peor, ¿he pecado por presunción, creyendo que podría ser bueno únicamente con mis propias fuerzas, sin contar con la gracia di-vina?

                CARIDAD

                ¿Tengo amor filial a Dios?

                ¿Estoy dispuesto a sacrificar todo lo que sea preciso para permanecer en su gracia?

                ¿He murmurado contra Dios a consecuencia de un fracaso, un sufrimiento o alguna separa-ción irreparable?

                ¿Amo sinceramente al prójimo?

                ¿Amo a todos los hombres, tal como Dios manda? ¿Estoy dispuesto a hacer el bien, incluso a mis enemigos?

                ¿Tiendo a entregarme, dar limosna, prestar ayuda a los demás, o soy egoísta por sistema? El que no ama al prójimo, no ama a Dios.

                ¿He orado verdaderamente a Dios?

                Orar no es repetir machaconamente una fórmula sin ton ni son, pensando quién sabe en qué; orar es conversar con Dios. Por eso hay que ponerse en presencia de Dios.

                ¿He estado atento en la oración?

                ¿He evitado las causas de distracción? Todo el mundo tiene distracciones, hasta los santos; no hay que inquietarse cuando son involuntarias; ahora bien, al caer en la cuenta, vuelve de nuevo a Dios.

                ¿He tenido una postura digna durante la oración?

                ¿En casa, en la iglesia…? Sobre todo, ¿he he-cho respetuosamente la señal de la cruz, la ge-nuflexión, he ayudado a misa, consciente de lo que hacía?

                ¿He cumplido mis compromisos: Ofrecimiento de Obras, Meditación, Santa Misa, Rosario, Visita al Santísimo, Confesión, Examen de conciencia…

                ¿He orado como nos enseña Jesucristo?

                Es decir, siguiendo la peticiones del Padre-nuestro, donde los deseos de Dios están por encima de los míos?

                ¿He adorado a Dios, le he dado gracias, le he pedido perdón por mis pecados, me he ofrecido para extender su reino?

                ¿He rezado por los demás y por sus necesi-dades?

                ¿Por mis padres, amigos, las intenciones gene-rales de la Iglesia y del Santo Padre, por la unión de todos los cristianos, las misiones, los cristianos perseguidos a causa de la fe, por mis estudios y profesores, por mi trabajo y compañeros, por nuestra comunidad Christifideles Laici,…?

                ¿He acudido a la santísima Virgen María?

                Debo hacer míos los sentimientos de Cristo. ¿Amo a la Virgen María con la ternura que Je-sús tenía para con su Madre? ¿Lo demuestro con devociones particulares?

                ¿He hecho bien mis confesiones? ¿Me he acusado de todos los pecados mor-tales, si los he cometido? ¿He ocultado alguno?

                ¿He preparado a conciencia mis confesiones? ¿He tenido contrición al confesarme? ¿He cumplido la penitencia que se me impuso?

                ¿Me he esforzado en corregir mis defectos? ¿He exagerado o inventado dificultades?

                ¿He hecho bien mis comuniones?

                ¿He estado recogido al comulgar? ¿He dado gracias suficientes? ¿He dialogado con Jesucristo en lo más profundo de mi corazón?

                2.- No tomarás el nombre de Dios en vano.

                ¿He empleado con respeto el nombre de Dios?

                ¿O lo he mezclado con juramentos, con ex-presiones groseras? ¿He jurado sin necesidad poniendo a Dios por testigo? ¿He jurado algo que no fuese verdad?

                ¿He hecho promesas a Dios o a los santos con ligereza? ¿He consultado antes a un sacer-dote? ¿He cumplido las promesas?

                3.- Santificarás las fiestas.

                ¿Es en realidad el domingo para mí el día del Señor?

                Es decir, un día durante el cual rezo con más fervor, cumplo mis compromisos con mayor amor, practico alguna obra apostólica… y lo convierto en un día de descanso para el cuerpo y para el alma.

                ¿He participado en la misa dominical?

                Si estuve enfermo, no debo acusarme de haber faltado a misa, puesto que no hay tal pecado. Ahora bien, ¿recé algo aquel día a pesar de la enfermedad? Si sólo se trataba de algunas mo-lestias o leve indisposición, de forma que me fue posible ir en otro momento del día, tuve obligación de asistir a misa. Si dudo de la vali-dez de mis razones, lo mejor es consultar con el confesor.

                ¿He asistido y participado por entero de la Misa?

                Debo procurar ser puntual, enterarme del ho-rario, prever el tiempo que necesito para lle-gar… asistiendo desde que el sacerdote llega al altar hasta que regresa a la sacristía.

                ¿He participado con devoción en la misa?

                ¿Me he unido personalmente a la oblación del sacrificio eucarístico? ¿He elegido el lugar más adecuado para no distraerme? ¿He estado en silencio y recogido? ¿He orado?

                ¿Me he procurado esparcimientos sanos para el resto del día?

                ¿He puesto en primer plano la preocupación de permanecer en gracia de Dios?. ¿He ayudado a ser mejores a los demás, con mi presencia, con mis palabras, con mis acciones?

                ¿Me he dedicado sin necesidad a un trabajo largo y fatigoso que me impidiera emprender con ánimo la tarea de la semana?

                4.-Honrarás a tu padre y a tu madre.

                ¿Tengo cariño a mis padres?

                ¿Rezo por ellos, en especial cuando sufren?

                ¿Les demuestro finura, confianza, respeto, reconocimiento?. ¿Les hago sufrir con mi indisciplina, mala conducta, falta de aplica-ción…?

                ¿Me avergüenzo de su posición social, de su profesión, de su situación económica, de su nivel cultural…?

                ¿Tengo verdadero amor y respeto a mis abue-los?

                ¿Obedezco a mis padres?

                ¿Con prontitud, buen humor, sin murmurar, con espíritu de fe? ¿Acepto sus indicaciones? ¿Me enfado con ellos?

                ¿He criticado delante de los demás sus deci-siones?

                ¿Ayudo a mis padres?

                ¿Les presto los servicios que me piden? ¿He tomado yo la iniciativa sin necesidad de que me lo pidan?

                ¿He facilitado su labor dando buen ejemplo a mis hermanos y hermanas?

                ¿He tratado cuidadosamente los objetos de que dispongo (libros, cuadernos, trajes, mobiliario…), no siendo causa de gastos innecesarios? ¿Soy moderado al pedirles dinero para mis gastos?

                ¿Soy para mis padres motivo de alegría y aliento, no de tristeza y preocupación?

                ¿Demuestro a las personas que se ocupan de mi formación, sacerdotes, educadores, profesores… confianza y respeto?

                ¿He evitado ponerles apodos hirientes? ¿Me he atrevido a burlarme de sus defectos o posibles manías?

                ¿Les obedezco?

                ¿Acepto sus decisiones? ¿Guardo rencor por algún castigo recibido? ¿He contribuido al espí-ritu de trabajo en clase y en el estudio, a la ani-mación de los juegos, al clima moral y piedad de mis compañeros?

                ¿Me he revelado contra el reglamento por li-gereza, altanería o por venganza? ¿Rezo por mis educadores?

                5.-Amar al prójimo, no matar.

                ¿He sido caritativo?

                ¿Tengo malos sentimientos contra el prójimo? ¿Antipatías voluntarias?. ¿He tenido odio, ren-cor? ¿He deseado mal a alguien? ¿No he querido perdonar, prestar un servicio…? ¿He procurado vengarme?

                ¿He evitado riñas?

                ¿Con mis hermanos y hermanas? ¿Con mis compañeros? ¿He sido testarudo? ¿He pronunciado palabras hirientes? ¿He golpeado a alguien?

                ¿Me he enfadado?

                ¿No he aceptado bromas? ¿Siendo demasiado susceptible ante cualquier observación, dema-siado sensible a la menos oposición? ¿Me ha faltado paciencia, cuando las cosas no salían a mi gusto?

                ¿He sido causa de algún escándalo?

                ¿Dando mal ejemplo con mi indisciplina, mi poca aplicación y falta de piedad? ¿Arrastrando a otros al mal con mis palabras, consejos o ac-ciones? ¿Provocándolos con burlas, con violen-cias?

                6-9.-Actos y pensamientos impuros

                ¿Guardo la pureza?

                La virtud de la pureza nos manda respetar nuestro cuerpo y el ajeno. El cuerpo es obra de Dios, es bueno en todas sus partes; es pecado abusar de él para satisfacciones egoístas.

                ¿Soy puro en mis pensamientos?

                Tener involuntariamente imaginaciones de esa clase, aunque vuelvan repetidamente, no es pecado, sino tentación; incluso experimentar instintivamente algún placer por este motivo tampoco es pecado: sentir no es consentir.

                Hay pecado venial si soy negligente, si dudo en apartar estos pensamientos y el placer que los acompaña. Entretenerlos voluntariamente es pecado, falta grave si la intención es mala.

                ¿He hecho lo posible para apartar estas imaginaciones?

                Orando, pensando en otra cosa, cantando, pa-seando, buscando ocupación…

                Si me inquietan dudas o problemas he de ir a pedir una explicación a aquellos que tienen la misión de prepararme en la vida. Tengo derecho a la verdad y a su ayuda.

                ¿Tengo pureza en mis deseos? ¿He apartado todo deseo voluntario de ver o hacer lo que está prohibido? En caso de duda debo preguntar al confesor.

                ¿Guardo la pureza en mis miradas?

                Ver las partes íntimas del propio cuerpo, o in-voluntariamente del cuerpo de los demás o una reproducción del cuerpo (imagen, estatua…), no es pecado.

                Las sensaciones físicas involuntarias que a ve-ces pueden sobrevenir a causa de esas miradas o de causas parecidas (muestras corrientes de afecto), no son pecado, si no se consiente en ellas.

                Es pecado grave mirar voluntariamente, sin necesidad, las partes íntimas del cuerpo, con intención de provocar en sí mismo el placer prohibido.

                ¿He asistido voluntariamente a reuniones, es-pectáculos, consciente de que eran malos?

                ¿He leído, conservado, prestado publicaciones, dándome cuenta de que no eran buenos?

                ¿He evitado ver o buscar emisiones de Radio/TV inconvenientes para la pureza de mi alma? ¿Soy puro en mis palabras?

                ¿Tengo una idea suficientemente elevada acer-ca de las leyes divinas sobre la vida y la forma de transmitirse, de modo que nunca hablo de estas cuestiones sino con el debido respeto?

                ¿He desechado en mis conversaciones todo lo que no es conveniente? ¿He escuchado, o ani-mado quizá, malas conversaciones? ¿He aconsejado libros o espectáculos deshonestos? ¿He sabido reaccionar cuando se ha hablado en mi presencia de temas indecentes?

                ¿Mantengo la pureza en mis acciones?

                Procurarse excitaciones deshonestas en el propio cuerpo es pecado grave.

                Tocar las partes íntimas del cuerpo ajeno, con el fin de producir deseos impuros, es pecado grave.

                ¿He pecado solo, o con otros? ¿He inducido a otros a pecar?

                ¿He tenido cuidado en evitar las ocasiones de peligro?

                Malas compañías, amistades demasiado sen-timentales, cierto tipo de reuniones, diversio-nes, deportes…

                ¿He rezado para no caer en la tentación? Ex-pón sin rodeos tus dificultades, inquietudes y turbaciones al confesor.

                7-10.- Respetar los bienes del prójimo.

                ¿Estoy desprendido de los bienes materiales?

                ¿Cómo he usado del dinero, de los objetos de que dispongo?

                ¿He robado?

                ¿Dinero? ¿Qué cantidad? ¿Estoy dispuesto a restituirlo en cuanto pueda?

                ¿Alguna otra cosa? ¿La he devuelto? ¿He en-gañado a alguien en compras o ventas?

                ¿He causado desperfectos en lo que no es mío?

                ¿He malgastado o estropeado algo que hayan puesto a mi disposición? ¿He retenido inútil-mente algún objeto, libro… que me hayan pres-tado?

                8.- No decir falsos testimonios ni mentir.

                ¿He sido leal?

                ¿He mentido?

                ¿Por qué? ¿Para evitar un castigo, para que mi ignorancia no quedase al descubierto? ¿Para hacer daño al prójimo?

                ¿He hecho trampas en clase, en el trabajo, el juego…?

                ¿He hablado mal del prójimo?

                ¿Diciendo cosas falsas de los demás (calumnia), o cosas verdaderas, pero ocultas, sin razón suficiente (maledicencia). ¿Haciendo juicios temerarios? ¿He exagerado las faltas de los demás?. ¿He buscado eludir mi culpa para que se castigara a otros?

                Cuando hablan mal de otro ante mí, ¿tengo la suficiente valentía para procurar desviar la con-versación?

                Al contrario, estando completamente cierto de que alguien trata de hacer mal a otro, ¿he he-cho todo lo posible por defenderlo?

                ¿He sido discreto?

                ¿He leído cartas que no me pertenecen?

                ¿He intentado oír por sorpresa conversaciones

                ajenas? ¿He descubierto secretos que sabía o que me habían confiado?

                II. Sobre la Iglesia.

                ¿Me someto a las disposiciones de la Iglesia?

                ¿Me doy cuenta de que, además de las verda-des de la fe, debo admitir las directrices prácti-cas de la Iglesia?

                ¿Apruebo lo que aprueba la Iglesia y condeno lo que ella condena?

                ¿Soy militante de la Iglesia?

                ¿Me doy cuenta de que el cristiano debe ser luz y levadura?

                ¿Tengo un alma apostólica?

                III. Pecados capitales.

                ¿Soy orgulloso o vanidoso?

                Hablando demasiado de mi mismo, de mis co-sas, de mis éxitos…

                Atribuyéndome todo lo bueno que tengo, dando cabida a pensamiento de vanidad, buscando alabanzas, cumplimientos…

                No soportando bromas, enfadándome, guar-dando rencor… No queriendo reconocer mis equivocaciones y errores, siendo tozudo en mis ideas… Estando decaído, desanimado por algún fracaso…

                ¿Soy avaro?

                Negándome a prestar mis cosas. Compartien-do con los demás mis ilusiones, alegrías, proyectos… No dando limosna a los pobres y a las obras de la Iglesia.

                ¿Uso lo ajeno antes que lo mío?

                ¿Soy envidioso?

                Pensando o diciendo que los demás son más referidos, poniéndome triste al ver que los pre-mian.

                Teniendo celos del éxito del prójimo, de su fe-licidad. Alegrándome cuando castigan a los de-más, al ver sus fracasos…

                ¿Me domina la ira?

                ¿Soy goloso?

                Comiendo demasiado, como un glotón, sin ob-servar la normas de educación. Desechando ciertas comidas por capricho, comiendo frecuentemente golosinas, fumando sin modo ni medida…

                Quejándome de la alimentación, buscando siempre la mejor parte…

                Bebiendo con exceso y ansiedad.

                ¿Soy perezoso?

                No levantándome en seguida, a la hora fijada; permaneciendo largo tiempo en la cama, du-rante las vacaciones y sobretodo el domingo.

                Siendo desordenado en mis asuntos, en el tra-bajo, en casa, con mis libros, vestidos, diversio-nes…

                Evitando cualquier sacrificio, un esfuerzo, ayudar a otros…

                14. Guía para la dirección espiritual

                Recuerda que sin dirección espiritual es muy dificil aspirar a la vida de perfección.

                1. Plan de vida.

                2. Deberes de Estado

                Formación física.

                ¿Me preocupo de mi desarrollo físico con ré-gimen austero, durmiendo lo suficiente, levantándome pronto, guardo posturas correctas, sana formación física, limpieza e higiene, contacto con la naturaleza…?

                ¿Evito levantarme y acostarme tarde, los exce-sos en el deporte, la dejadez en el vestir y en el presentarme…?

                ¿Evito el abuso del tabaco, de la comida, de la bebida, de caprichos…?

                ¿Procuro fortalecer mi cuerpo siendo puro en pensamientos, palabras y obras?

                ¿Procuro acostumbrarme al esfuerzo físico? ¿Evito el consumo de drogas?

                Formación intelectual.

                ¿Me dedico concienzudamente a mi estudio o trabajo? ¿Empiezo a estudiar y a trabajar desde el primer minuto?

                ¿Distribuyo bien mi tiempo, dedicándome cada rato a una sola cosa y haciéndola con ganas? ¿Estudio antes de clase?

                ¿Estoy atento y activo? ¿Guardo silencio? ¿Pido explicaciones o lo dejo por pereza, timidez o respeto humano?

                ¿Me esfuerzo en tener sana curiosidad intelec-tual y espíritu de investigación? ¿tomo la inicia-tiva de completar mi formación con trabajos personales y lecturas apropiadas?

                ¿Procuro entender lo que leo?. ¿Me contento con dar el rendimiento mínimo en mi estudio y en mi profesión?

                Formación de la voluntad.

                ¿Quiero formar mi voluntad? ¿Hago actos de voluntad, sacrificio, espíritu de decisión, acabo lo que empiezo…?

                ¿Tengo dominio de mí mismo, de mis nervios e instintos? Se abstenerme de algo, aunque esté permitido?

                Formación espiritual y moral.

                ¿Es mi mayor preocupación vivir en gracia de Dios? ¿He manchado mi alma con pecados mortales? ¿Los he confesado? ¿Va en aumento mi amor a Cristo?

                ¿Soy constante en la oraciones de la mañana y de la noche, antes y después del trabajo y del estudio? ¿Con qué actitud he asistido a misa?. ¿Comulgo con rutina? ¿Tengo presencia de Dios durante el día? ¿Tengo verdadera devo-ción a la Santísima Virgen?

                ¿Tengo director espiritual? ¿Le soy sincero? ¿Sé rodearme de amigos que me ayuden a ser mejor?

                Formación social y apostólica.

                ¿Me doy cuenta de que todos los dones recibi-dos de Dios, en especial la fe, debo ponerlos al servicio del prójimo?

                ¿Deseo el bien y la salvación del prójimo, como lo deseo para mí? ¿Pienso suficientemente en las almas culpables e indiferentes que me ro-dean? ¿Tengo el propósito de ser “redentor” con Cristo y como Cristo?

                ¿Sé que mi primer apostolado comienza en casa con obediencia, buen ejemplo, espíritu so-cial…? ¿Ayudo a mis padres, hijos, esposo, esposa…)

                ¿Procuro estimular a los demás al trabajo con el ejemplo y de palabra?

                ¿Soy atrayente, servicial, simpático, leal…? ¿Hago mejores a los demás con mi presencia?

                ¿Soy fiel a mis compromisos adquiridos como miembro activo y militante de Christifideles Laici? ¿Vivo el espíritu de Comunidad? ¿Me esfuerzo en formar parte de este Movimiento para la Nueva Evangelización? ¿Cuido de cumplir las responsabilidades que me han sido confiadas?

                ¿Cumplo con mis deberes para con las misio-nes? ¿Permito que el mal se extienda a mi al-rededor, por no intervenir a tiempo?

                ¿Soy educado y caritativo en casa, con los compañeros superiores, iguales o inferiores, con los desconocidos? ¿Me preocupo por los pobres y humildes?

                ¿Tengo la preocupación de hacerme una per-sona útil para la sociedad?

                ¿He pensado seriamente si Dios me llama a una vocación concreta en su Iglesia? ¿Sacerdocio? ¿Vida religiosa? ¿Matrimonio?

                15. La hora apostólica del movimiento "Christifideles Laici"

                Es una hora en que los cristianos tenemos la audiencia con Jesucristo.

                Y nos empeñamos en que Él nos conquiste.

                Y “tratamos” con Él la salvación del mundo, ante el Sagra-rio, que es la fuente de su Gracia.

                Las rodillas son las grandes palancas del Apóstol.

                Para penetrarnos más y mejor de lo que somos, de lo que creemos y de lo que queremos, para agradecerle la maravilla de la Gracia, para arrancar de sus manos nuevos dones, para impulsar a los hermanos en su camino hacia Dios, recemos juntos la Hora Apostólica.

                Presentación al Señor.

                En nombre del Padre…

                Incorporados a Jesucristo, glorifiquemos al Padre, en la alegría del Espíritu Santo.

                R. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, y ahora, y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

                V. Señor Jesucristo: tus militantes de Christi-fideles Laici, que, en su audacia, y fiados en tu ayuda, quieren ser fermento vivo entre la Cris-tiandad de… se postran reverentes ante Ti.

                R. Queremos conocer a Jesucristo.

                Queremos amar a Jesucristo.

                Queremos ayudar a Jesucristo.

                Queremos sufrir por Jesucristo.

                Queremos vivir en Jesucristo.

                V. Queremos ser tuyos, Señor, los tuyos de veras:

                los que no duden,

                los que no titubeen,

                los que no se desalienten,

                los que no conozcan la medias tintas ni las

                posturas ambiguas;

                los que lo den todo antes que traicionarte.

                Por esto, en esta Hora Apostólica, en amigable intimidad, te rogamos que nos enseñes, que nos formes, que nos venzas, y nos enciendas en santa valentía y en afanes apostólicos.

                R. Señor; eres nuestro Dios y Maestro: Sólo Tú tienes palabras de vida eterna.

                ¡Qué conozcamos el don de Dios! Eres nuestro hermano y amigo: ¡Haznos amigos tuyos fidelí-simos!

                Eres nuestro único Señor: Señor de todas las cosas, Señor de todas las gentes. ¡Haznos apóstoles de tu Reino, miembros vivos de tu Santa Iglesia! ¡Que sintamos la alegría de ser apóstoles!

                Danos el brío ilusionado de ser testigos tuyos ante los hombres.

                V. En esta Hora Apostólica permaneceremos al pie de tu Cruz, con la Madre y Señora, como San Juan, el Apóstol de la invencible fidelidad.

                R. Señor: nos acercamos a tu Santa cruz, ado-rando el misterio de tu Pasión.

                Abrazamos tu cuerpo destrozado de tormentos, y ensangrentado de heridas.

                Quisiéramos sentir en nuestras frentes culpa-bles, la sangre que brota a raudales de tus llagas.

                Besamos tu rostro manchado de polvo, y de tus labios entreabiertos recogemos aquel grito -“Tengo sed”- que abrasa tu alma de sed divina.

                En firme vigilia, rodeamos tu Cruz sacrosanta para acompañarte en tu hora suprema; para orar contigo por la Iglesia; para ofrecernos contigo como víctimas; para compartir tus dolores y anhelos; para consolarte agonizante en la Cruz, y consolarte en la presentes angustias de tu Iglesia; para descargar nues-tros pecados e ingratitudes; y pagar por los pecados de todos los cristianos y de todos los que no lo son todavía, de los cuales nos sentimos responsables ante Ti.

                V. ¡Queremos que Cristo reine sobre nosotros!

                R. Amén.

                V. ¡Alabado sea Jesucristo!.

                R. Amén.

                V. ¡Venga a nosotros Tu Reino!.

                R. ¡Padre Nuestro, venga a nosotros Tu Reino!

                II – Escuchando al Señor.

                Puede ayudar a la escucha del Señor la exhortación de un sacerdote o la lectura de un texto adecuado.

                III. Plegaria a Jesucristo.

                V. El pecado hiere el corazón de Cristo; priva al hombre de la Vida Divina; le arrebata el mejor de los dones; ofende a la justicia de Dios.

                Pidamos al Señor su misericordia sobre noso-tros, sobre todos los cristianos de ….. sobre todo el mundo pecador.

                R. Señor: Míranos con ojos de misericordia y de perdón. Sentimos el horror de nuestras infi-delidades, y las infidelidades de nuestros hermanos, los cristianos de… que ante Ti representamos.

                No mires la ruindad de nuestra vida, sino el amor con que nos amaste en la Cruz.

                V. Por nuestras incomprensibles flaquezas, por el desprecio con que a veces oímos tu voz.

                R. Perdón, Señor, perdón.

                V. Por la tardanza en aceptar tus exigencias, por la tibieza con que andamos tu camino, por la pegas que ponemos a tu amor, por nuestras cobardías ante una sonrisa cualquiera.

                R. Perdón, Señor, perdón.

                V. Por la rutina en nuestra piedad, por el desa-liento ante los sacrificios, por la pereza en practicar el bien, por la debilidad en arrancar nuestros defectos.

                R. Perdón, Señor, perdón.

                V. Por nuestra falta de fe, de ardor en el apos-tolado, por nuestra apatía en la conquista de las almas, por no haber defendido los derechos de tu Reino.

                R. Perdón, Señor, perdón.

                V. Por tantos cristianos que te desconocen, que no cumplen el precepto dominical, que blasfeman tu santo nombre.

                R. Perdón, Señor, perdón.

                V. Por los que creen hallar la alegría en el pe-cado, y son víctimas de las pasiones de la car-ne, y frecuentan espectáculos inmorales.

                R. Perdón, Señor, perdón.

                V. Por los que corrompen a sus hermanos con promesas de falsa felicidad.

                R. Perdón, Señor, perdón.

                V. Por los que nos odian, que nos hieren con sus críticas y murmuraciones, que encienden enemistades.

                R. Perdón, Señor, perdón.

                V. Por los jóvenes que entran a formar un ho-gar sin hacerte Señor de su hogar; por las fami-lias que viven al margen de tu Ley; por los pa-dres que descuidan la cristiana educación de sus hijos.

                R. Perdón, Señor, perdón.

                V. Por los que se tienen por cristianos, y no viven en Gracia, y rehusan ser apóstoles.

                R. Perdón, Señor, perdón.

                V. Por todos nuestros pecados, por los pecados de la cristiandad de… por los pecados de todos los hombres del mundo entero.

                R. Perdón Señor.

                Esta última deprecación se repite tres veces.

                Preces a Jesucristo.

                V. Bendice, Señor, a nuestra Santa Madre, la Iglesia Católica.

                R. Que Dios se digne pacificarla, unirla, custo-diarla en todo el orbe de la tierra, vivificándola cada día, extendiéndola hasta los últimos confines de la tierra, para que ella, a través de todos nosotros, sus miembros, glorifique a Dios, Padre Omnipotente.

                V. Bendice a nuestro Santísimo Papa….., a los Obispos, sucesores de los Apóstoles, a nuestro querido Obispo de ….., a nuestro Consiliario General, a nuestro Consiliario, a los rectores de nuestras parroquias, que rigen el pueblo santo de Dios.

                R. Te rogamos, óyenos.

                V. Bendice a nuestros sacerdotes y religiosos, a los jóvenes de nuestro seminario. ¡Que sean luz y sal de nuestra tierra!

                R. Te rogamos, óyenos.

                V. Bendice a nuestro pueblo e inspira a los gobernantes, para que haya justicia dentro del orden; para que haya paz en la tierra.

                R. Te rogamos, óyenos.

                V. Bendice nuestra sed de ser santos, nuestras ansias apostólicas, nuestra familia, nuestros estudios, nuestros trabajos, todas nuestras cosas.

                R. Te rogamos, óyenos.

                V. Bendice las organizaciones de tu Iglesia; bendice el apostolado seglar; bendice nuestro Movimiento Christifideles Laici.

                R. Te rogamos, óyenos.

                V. Bendice a nuestros Profesores y Dirigentes.

                Te rogamos, óyenos.

                Bendice a nuestros Directores Espirituales.

                R. Te rogamos, óyenos.

                V. Danos éxito espiritual en todas nuestras em-presas apostólicas. ¡Que todos los llamados sean santos!

                R. Te rogamos óyenos.

                V. Bendice nuestros Cursillos de Evangelización, Convivencias y Ejercicios Espirituales.

                R. Te rogamos, óyenos.

                V. Bendice las Reuniones de Grupos de Perseverancia, forja de tus mejores. Despierta la inquietud de los que por descuidarlas, perdieron la ilusión apostólica de tu Gracia.

                R. Te rogamos, óyenos.

                V. Bendice, Señor, nuestros Encuentros; dales vida, vigor y eficacia.

                R. Te rogamos, óyenos.

                V. Bendice nuestras escuelas de formación, dirigentes y profesores.

                R. Te rogamos, óyenos.

                V. Bendice las actividades y proyectos que tiene en manos nuestro Secretariado; inspira y bendice las que debiera tener.

                R. Te rogamos, óyenos.

                V. Infúndenos una piedad auténtica, adhesión a la Jerarquía, alegría y simpatía en el trato de los hermanos, ardor y brío apostólicos, para no cruzarnos nunca de brazos, y trabajar siempre más y mejor.

                R. Te rogamos, óyenos.

                Haz que, con tu Gracia, sintamos la respon-sabilidad apostólica que nos has confiado.

                R. Te rogamos, óyenos.

                V. Que no necesitemos milagros para creer y obrar, pero que tengamos tanta Fe, que me-rezcamos que nos los hagas.

                R. Te rogamos, óyenos.

                V. Danos cristianos que te amen sobre todas las cosas, almas de Sagrario, adelantados de tu Reino, fieles al lema: “Aunque todos te abandonen, yo no”.

                R. Te rogamos, óyenos.

                V. Por los que llevan el peso de nuestros ambientes; por el más valiente y sacrificado.

                R. Te rogamos, óyenos.

                V. Por el más cobarde de nosotros; por el que más necesita de tu Gracia; por el que cree necesitarla menos; por el que de nosotros menos trabaja y menos se sacrifica; por los que se conforman con lo que han hecho.

                R. Te rogamos, óyenos.

                V. Por los que se empeñan en servir a dos señores; por los que se enfrían en tu santo ser-vicio; por el que más nos fastidia y santifica.

                R. Te rogamos, óyenos.

                V. Por el primero que va a burlarse de nosotros cuando le expongamos nuestro ideal apostólico.

                R. Te rogamos óyenos.

                V. Para que sepamos superar, con tu Gracia, los fracasos; para que sepamos sacar de ellos fruto apostólico; para que no nos envanezcamos con los éxitos.

                R. Te rogamos, óyenos.

                V. Por las almas que has vinculado a nuestra generosidad; por las almas que, con tu ayuda, conquistaremos; por las que te conocerían si fuéramos más generosos.

                R. Te rogamos, óyenos.

                V. Por los que se interesan menos por tu Rei-no;por los cristianos que no Te conocen; por los que no nos comprenden; por los que nos compadecen.

                R. Te rogamos, óyenos.

                Breve silencio para rogar por alguien en especial.

                V. Bendice, Señor, a los enfermos, a los pobres, a los presos, a cuantos sufren y peligran.

                R. Te rogamos, óyenos.

                V. Bendice a los hermanos separados, para que todos los que invocan tu Nombre, lleguen a la unidad, en el seno de la única Iglesia.

                R. Te rogamos, óyenos.

                V. Bendice a los que, sin conocerte, te buscan; dales, Señor, misioneros; dales Fe.

                R. Te rogamos, óyenos.

                V. Por nuestra intención particular.

                R. Te rogamos, óyenos.

                V. Por nuestros planes apostólicos.

                R. Te rogamos, óyenos.

                V. Por las intenciones de nuestro Secretariado.

                R. Te rogamos, óyenos.

                V. Por la intenciones de nuestro Consiliario General.

                R. Te rogamos, óyenos.

                V. Por las intenciones de nuestro Obispo.

                R. Te rogamos, óyenos.

                V. Por las intenciones del Romano Pontífice.

                R. Te rogamos, óyenos.

                V. Medita ahora, por un momento, la frase que más se haya clavado, como un dardo, en tu corazón. ¿Qué quieres, Señor, de mí?

                R. Habla, Señor, que tu siervo escucha.

                Breve silencio

                V. Alabado sea Jesucristo.

                R. Por siempre sea alabado.

                V. Antes morir.

                R. Que separarnos de Ti.

                V. Consagración a Cristo Rey.

                R. ¡Sagrado Corazón de Cristo Rey! Míranos a tus plantas, adorando tu grandeza divina.

                Con honda gratitud reconocemos que nos has elegido, entre muchos, para ser los apóstoles de tu Reino.

                Queremos ser tuyos de veras, Señor; y por mediación de la Virgen Santísima, nuestra Madre, nos consagramos a ti.

                Queremos tener el alma vestida siempre de Gracia. Danos fuerzas para llevar la cruz mientras nos dure la vida.

                Aunque todos, a nuestro alrededor, sean co-bardes, queremos, Señor, ir contra corriente, detrás de Ti, que eres el Camino, la Verdad y la Vida.

                Jesús nuestro, haznos apóstoles. Enséñanos a rezar. Danos el ansia de tu Eucaristía. Enséñanos a predicarte con nuestra vida y con nuestra palabra.

                Haz, Señor, que abramos para todos los hom-bres un ancho camino a tu Gracia.

                Haz que el mundo vuelva a Ti, aunque nos cueste la vida.

                Amén.

                16. Felicitación sabatina

                ¿Concibes a un hijo que no ame a su madre? Madre, Se-ñora, Reina de los Apóstoles, Madre de la Iglesia: eso es la Virgen María.

                ¿Flaqueas?… ¿Resbalas?… ¿Lloras?… ¡He ahí a tu Ma-dre! ¿Quieres salvar al mundo? No lo conseguirás sin la Virgen!

                Llámala a todas horas. Ámala filialmente. Llámala en todas tus cuitas. Encárgale tus cosas. ¡Es Madre! ¡Es tu Madre! ¡Nunca falla!

                El sábado, en que la Iglesia venera particularmente a María para prepararse a celebrar el día del señor, practica en su honor la Felicitación Sabatina.

                A la Virgen Inmaculada.

                T. Bendita sea tu pureza

                y eternamente lo sea

                pues todo un Dios se recrea

                en tan graciosa belleza.

                A ti celestial princesa

                Virgen sagrada ¡María!

                yo te ofrezco en este día

                alma, vida y corazón,

                mírame con compasión

                no me dejes ¡Madre, mía!

                V. Bajo tu protección nos acogemos, santa Ma-dre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita.

                Oración de San Bernardo.

                R. Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ni uno solo de cuantos han acudido a tu protección e implorando tu socorro haya sido desampa-rado por Ti. Yo, pecador, animado con esta confianza, acudo a Ti, oh Madre, Virgen de las vírgenes; a Ti vengo, ante Ti me presento gimiendo. No desprecies, Madre del Verbo, mis súplicas, antes bien, inclina a ellas tus oídos y dígnate atenderlas favorablemente. Amén.

                Invocaciones.

                V. ¡Virgen y Madre Inmaculada, míranos con ojos propicios.

                R. ¡Señora! A nosotros, amadísimos hijos tuyos, nos falta fe, humildad, caridad, piedad, amor a la Eucaristía, amor a nuestra propia dignidad de auténticos católicos, espíritu de sacrificio, espíritu de abnegación. Díselo a tu Hijo. Interpón tu intervención valiosa, y se obrará el milagro de nuestra santificación.

                Danos piedad verdadera, amor intenso a Jesucristo y a la Santa Iglesia, al papa, al obispo, a la Parroquia; haz que nuestras comuniones sean fervorosas; nuestras visitas a la Eucaristía, frecuentes; la práctica del bien, constate; haznos amantísimos de Jesucristo y de Ti, nuestra excelsa Madre inmaculada.

                Te lo pedimos por la dignidad única y augusta de ser la Madre de Dios.

                Ave María.

                V. ¡Virgen y Madre Inmaculada!

                R. Somos tus hijos; pero sentimos la fascinación de los sentidos y la debilidad de nuestras fuerzas. Danos castidad de vida y pureza de costumbres. Con tu mano maternal, apártanos siempre de aquellos lugares y reuniones que Tú no honrarías con tu presencia santa. Infúndenos limpieza de pensamiento y de sentimientos, y haz que nuestras acciones sean las propias de un hijo predilecto de Ti.

                Te lo pedimos por tu Concepción Inmaculada y por tu pureza sin mancha.

                Ave María.

                V. ¡Virgen y Madre Inmaculada!

                R. Hay quienes en nuestros ambientes desconocen a tu Jesús y te desconocen a Ti. Faltan apóstoles que les hablen de la verdad, y que les hagan sentir y vivir la vida cristiana, única vida que ennoblece y dignifica. Nos ofrecemos a Ti, para que formes en nosotros un corazón nuevo, y lo llenes de fervores y deseos encendidos de trabajar por la salvación de tantos cristianos ingratos, indiferentes y descreídos.

                Que en nuestras cristiandades, Señora, haya apóstoles. Que los dirigentes sean trabajadores abnegados, verdaderos apóstoles, para llevar muchas almas a nuestro Señor Jesucristo, y salvar a nuestro pueblo.

                Te lo pedimos por los dolores que padeciste por nosotros, junto a la Cruz del Redentor.

                Ave María.

                Oración a la Santísima Virgen María

                R. !Madre de Cristo, Madre de la Iglesia y Ma-dre mía! Yo me ofrezco del todo a Ti, en prueba de mi filial afecto, te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, Madre de bondad, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya.

                Amén.

                Plegaria final.

                V. ¡Virgen Inmaculada! Recordando, con el ma-yor agradecimiento, tus bondades, nos postramos ante tu altar. Te aclamamos Reina y Señora, y te pedimos humildemente sigas derramando sobre nosotros tu favor y tu bendición copiosa.

                ¡Señora! Danos fuerza y valor. Queremos cumplir nuestras promesas con fidelidad.

                Viviremos en Gracia para merecer las bendiciones de Dios.

                Nos desviviremos, para que todos los hombre conozcan el don de Dios.

                Queremos que Cristo reine en los hogares, en el trabajo, en las diversiones. Que sea el centro de la vida humana.

                Haz, Señora, que todos los católicos de acción, aunadas nuestras fuerzas a las órdenes de la Jerarquía, transformemos este mundo de selvático en humano y de humano en divino.

                Irradiando amor, trabajaremos en la conquista de nuestros compañeros.

                Acoge, Señora, estas promesas y anhelos. Ofrécelos al Señor, tu Hijo. Danos fuerza y valor y ansias de apostolado, para cum-plirlos con fidelidad.

                Reina, Virgen bendita, sobre nosotros. Seas Tú nuestra Reina y Señora. Madre amantísima, ámanos y bendícenos siempre.

                R. Amén.

                Salve

                Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve.

                A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.

                Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos.

                Y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima!, ¡oh piadosa!, ¡oh dulce Virgen María!

                17. Mes de María

                En el mes de Mayo, ofrece a la Santísima Virgen diaria-mente, estas oraciones:

                V. Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

                Acto de contrición

                T. Señor mío Jesucristo. Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón el haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confe-sarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

                Oración

                T. Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que uno solo de cuantos han acudido a tu protección e implorado tu socorro hay sido desamparado por Ti

                Yo, pecador, animado con esta confianza, acudo a Ti oh Madre, Virgen de las vírgenes; a Ti vengo, ante Ti me presento gimiendo. No desprecies, Madre del Verbo, mis súplicas, antes bien, inclina a ellas tus oídos y dígnate atenderla favorablemente. Amén.

                Pidamos las gracias que deseamos conseguir hoy por in-tercesión de nuestra Madre, María… Y para ello, la saluda-remos con cinco avemarías y las jaculatorias siguientes:

                1. Madre mía, amantísima, en todos los instan-tes de mi vida, acordaos de mí, miserable pecador.

                Avemaría

                2. Acueducto de las divinas gracias, concededme abundancia de lágrimas, para llorar mis pecados.

                Avemaría

                3. Reina de cielos y tierra, sed mi amparo y de-fensa en las tentaciones de mis enemigos.

                Avemaría

                4. Inmaculada hija de Joaquín y Ana, alcan-zadme de vuestro Santísimo Hijo las gracias que necesito para mi salvación.

                Avemaría

                5. Abogada y refugio de los pecadores, asistidme en el trance de mi muerte y abridme las puertas del cielo.

                Avemaría y Gloria

                V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.

                R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo.

                V. Omnipotente, sempiterno Dios, que, con la cooperación del Espíritu Santo, preparaste el cuerpo y el alma de la gloriosa Virgen y Madre María, para que fuese merecedora de ser morada digna de tu Hijo: concédenos que, pues celebramos con alegría su con-memoración, por su piadosa intercesión seamos liberados de los males presentes y de la muerte eterna. Por el mismo Cristo Señor nuestro.

                R. Amén.

                R. Madre de bondad, guardadme y defendedme como cosa y posesión vuestra.

                R. Madre, aquí tenéis a vuestro hijo.

                (se repite 3 veces).

                R. En Vos, Madre mía dulcísima, he puesto toda mi confianza y nunca jamás seré confundido. Amén.

                18. Mes del Sagrado Corazón de Jesús.

                En el mes de Junio, ofrece al Corazón de Jesús diaria-mente, estas oraciones:

                V. Por la señal de la Santa Cruz…

                R. Dios mío, me postro ante vuestra soberana presencia; yo os adoro en unión de vuestro Santísimo Hijo y deseo unir mi corazón al suyo, para ofreceros una oración pura y agradable a vuestros divinos ojos. Y Vos, Virgen Santísima, Ángel de mi guarda y Santos de mi devoción interceded por mí, a fin de que pueda meditar las excelencias del amor de Cristo. Amén.

                ¡Oh preciosa Herida, abierta en el Sagrado Corazón para dar paso a las llamas de su inmenso amor! Haced que el incendio de la caridad purifique nuestros corazones de la inmundicia del pecado.

                Padrenuestro y Avemaría.

                ¡Oh Corona de espinas que atormentásteis al Corazón Sacratísimo con las puntas crueles de nuestros pecados! Alcanzadnos un santo y sincero remordimiento de nuestras culpas.

                Padrenuestro y Avemaría.

                ¡Oh Cruz plantada en el Corazón de Cristo, árbol frondoso alimentado por la sangre divina, signo de vuestro ardiente deseo de ser crucificado! Concedednos una entera resignación a los designios de la Providencia.

                Padrenuestro y Avemaría.

                Consagración.

                R. Soy vuestro, oh buen Jesús, porque sois mi Creador, porque desde la eternidad me habéis llevado en vuestra inteligencia como el niño es llevado en la entrañas de la madre; soy vuestro porque me rescatasteis del poder del demonio y me comprasteis con el precio de vuestra preciosísima sangre; soy vuestro como el hijo es del padre, como el sarmiento es de la vid, como el fruto es del árbol, pues fruto de vuestra Cruz somos todos los cristianos, y aunque mil veces me he revelado contra Vos, vuestro Corazón dulcísimo no ha dejado de amarme; por mí derramasteis lágrimas de dolor en los días de mi prevaricación y movido por vuestro Corazón amantísimo, no sosegasteis hasta volverme a la Gracia.

                R. ¡Sagrado Corazón de Jesús,

                V. En Vos confío!

                R. Dulce Corazón de María,

                V. Sed nuestra salvación.

                19. Mes del Sagrado Corazón de Jesús. Via Crucis

                Por la señal…

                T. Señor mío Jesucristo…

                I Estación. Jesús condenado a muerte.

                Te adoramos, Oh Cristo, y te bendecimos.

                R. Que por tu Santa Cruz has redimido el mundo.

                Jesús frente a Pilato. Hay una guerra a muerte entre el mundo, representado por Pilato, y Cristo.

                Hay que escoger bandera y partido. O con el mundo, que se divierte condenando a Cris-to, o con Cristo que, por amar, es conde-nado a muerte.

                Sé en qué partido estuve hasta el día de hoy. Me duele.¿Dónde voy a estar desde maña-na?…

                ¡Señor! Dime que no soy del mundo; dime que no es posible servir a dos señores.

                (Silencio)

                Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

                T. ¡Piedad Señor!. ¡Piedad! que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios, descansen en paz. Amén.

                II Estación. Jesús con la cruz a cuestas.

                Te adoramos, Oh Cristo, y …

                Recibe El, con amor, el madero donde van mis pecados y miserias todas. Las que cometí y no pagué, porque las pagó El. Las pagó El… Fueron sobre sus hombres. Por eso fui su verdugo y no su discípulo.

                Ahora quiero aprender de El, y marchar tras El con la cruz mía: la que yo fabriqué y El soportó…

                Ahora prometo hacer penitencia, para pagar mis deudas, para devolver amor…

                ¡Señor! ¡porque quiero ser tu discípulo, quiero negarme y llevar mi cruz!

                (Silencio)

                Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

                ¡Piedad Señor! ¡Piedad! que …

                III Estación. Jesús cae por primera vez.

                Te adoramos, Oh Cristo, y …

                Y cayó porque le pesaba mi carga… Y cayó para que yo no me desanime en mis caídas.

                Si me pesa la vida, si caigo, acuérdense le pe-saba a El mi cruz. Llevaba sobre sus hom-bros mis pecados, mis incapacidades, mis fallos, mis impotencias.. Todo lo mío… Porque es mi Hermano, y conmigo avanza por la vida; El lleva mi vida y mis obras, hechas cruz, sobre sus hombros.

                ¡Señor! ¡Hazme tu yugo suave y tu carga lige-ra!…

                (Silencio)

                Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

                ¡Piedad Señor! ¡Piedad! que…

                IV Estación. Jesús encuentra a su madre.

                Te adoramos, Oh Cristo, y …

                Siete espadas atraviesan el corazón de Ella… Se las clavo yo, que llevo así a Jesús por las calles de Jerusalén. Yo, que hice llorar a tantos, la hice también llorar a Ella… Yo, que tengo el corazón endurecido… ¡Qué bien sé cargar maderos en la fuertes espaldas del Señor!… ¿Qué bien sé clavar espadas en el blando corazón de la Madre!…

                ¡Señor! ¡Haz que mi corazón de piedra se haga corazón de carne!

                (Silencio)

                Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

                T. ¡Piedad Señor! ¡Piedad! que…

                V Estación. El cirineo ayuda a llevar la cruz.

                Te adoramos, Oh Cristo, y …

                Egoísta como el de Cirene, contemplo a Jesús con su carga. A aquel hombre le obligaron los soldados a salir de su indiferencia y tomar la cruz.

                ¿No será el amor, la contrición, los que me obliguen a mí a salir de mi abulia y cobar-día, para pedirle al Señor que me deje to-mar parte de su Cruz? Porque en ella está la salud y la vida; porque la necesito; porque me la merezco; porque quiero llevar con mi Hermano la carga de mi vida.

                ¡Señor! Dame, dame tu Cruz…

                (Silencio)

                Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

                T. ¡Piedad Señor! ¡Piedad! que…

                VI Estación. La verónica enjuga el rostro de Jesús.

                Te adoramos, Oh Cristo, y …

                Cobarde, como todos aquellos que contemplan la caravana; cobarde, yo no me atrevo a confesar a Jesús ante los hombres; no me atrevo a salir al camino como la Verónica, y enjugar su rostro… No me atrevo a ser piadoso ante los demás…

                No me atrevo a ser misericordioso, enjugando el rostro de los otros Cristos, de todos los que sufren…; no me atrevo…

                ¡¡Señor!!. ¡Desata mi cobardía para que ante el mundo te proclame a Ti!…

                (Silencio)

                Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

                T. ¡Piedad Señor! ¡Piedad! que…

                VII Estación. Jesús cae por segunda vez.

                Te adoramos, Oh Cristo, y …

                Humillado, cae a los pies de los soldados. No había venido a ser servido, sino a servir. Abyección de la plebe y oprobio de las gen-tes… Jesús, pisoteado, para que yo pisotee las glorias del mundo, sus pompas y sus vanidades, y mis orgullos, y mis soberbias. Para que sea humilde, Jesús, a los pies de los Apóstoles; Jesús, a disposición de todos, para que todos lo comamos…¡Y le seguimos pisoteando!…

                ¡Señor! ¡Tu discípulo no quiere ser más que su Maestro! ¡Envíame fracasos y deshonras!

                (Silencio)

                Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

                ¡Piedad Señor! ¡Piedad! que…

                VIII Estación. Jesús y las mujeres de Jerusalén.

                V. Te adoramos, Oh Cristo, y …

                Reprende el Señor aquellas lágrimas. Prefiere una compasión más viril, la que florece en contrición y penitencia. La que quiere de mí. Es fácil la piedad sensible; rehuimos la piedad sacrificada, la que hace de la morti-ficación y del seguimiento de Cristo una profesión heroica… ¡Cuántos lloran al paso de Jesús, y qué pocos le siguen!… ¡Cuantos sarmientos secos en la viña, y qué pocos sarmientos vivos y doblados por el peso de los frutos!…

                ¡Señor! ¡Mírame; corrígeme! ¡Sabes mi debi-lidad, que me tiene al margen de tu camino; dime como a Lázaro. “Levántate y anda”!

                (Silencio)

                Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

                T. ¡Piedad Señor! ¡Piedad! que…

                IX Estación. Jesús cae por tercera vez.

                Te adoramos, Oh Cristo, y …

                Una vez más cae por tierra: y una vez más surge y asciende para darme el Señor lec-ción de heroica perseverancia. Porque el cansancio en el camino de Cristo es de to-dos y es de siempre; es mi enfermedad, mi vida; me canso de seguirle, me canso de la virtud…, me canso…, me aburro… Cristo cae y se levanta hasta el fin. Así, Señor, hasta el fin de mi vida, por duro que sea el camino, por largo que sea, siempre levantándome, siempre…

                ¡Jesús! Cuando veas que me sumerjo per-diendo la confianza…, que tus manos me tomen, que tus labios me digan: “¡Hombre de poca fe!. ¿Por qué dudas?”

                (Silencio)

                Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

                ¡Piedad Señor! ¡Piedad! que…

                X Estación. Jesús despojado de sus vestiduras.

                Te adoramos, Oh Cristo, y …

                Despojado, libre, sin las mil ataduras con que los hombres nos atamos a la tierra.

                Jesús, despojado, sin nada, frente a mis con-cupiscencias de cosas, de mundo, de place-res, de cariño… Jesús, pobre… Jesús, solo… Yo rico; yo, espléndido; yo, mimado y querido… Por mis culpas y mis malos de-seos, y mis codicias y mis injusticias, Jesús padece pobreza, deshonra, soledad…

                ¡Señor! ¿Aprenderé a vaciar mi corazón de tierra, a entender lo que es pobreza, lo que es humildad, lo que eres Tú? ¡Habla, Señor, que tu siervo escucha!

                (Silencio)

                Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

                ¡Piedad Señor! ¡Piedad! que…

                XI Estación. Jesús es crucificado.

                Te adoramos, Oh Cristo, y …

                Cae el martillo; traspasan los clavos la carne de Dios; mis pecados golpean; mis pecados de carne se ceban en la carne divina; mis lascivias hacen llagas en el casto cuerpo de Jesús; mi lujuria ensangrienta su pureza…

                Y quedan sus manos abiertas y sus pies clava-dos. Y yo, enfrente, entre el mundo que ríe:

                -¡Bájate de la cruz!. ¡Bájate de la cruz!…

                -Pero no, Señor, no te bajes. ¿Qué sería de mí si dejaras tu puesto que es el mío, el supli-cio que yo me gané y que Tú padeces?

                No te bajes, Señor, y escóndeme en tus llagas para que duela allí mi espíritu y se haga casta mi carne.

                (Silencio)

                Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

                T. ¡Piedad Señor! ¡Piedad! que …

                XII Estación. Jesús muere en la cruz.

                Te adoramos, Oh Cristo, y …

                Y habiendo dado una gran voz, inclinó la ca-beza y expiró. En las manos de su Padre había puesto su espíritu; en las de los hom-bres, su perdón, su sangre y su Madre.

                Todo lo había consumado. Nada más podía hacer ya. ¿Me parece poco?. ¿Nos parece poco?… Sin duda porque aún seguimos pecando y pecando, me parece poco la san-gre y la muerte de Dios. Él lo sabía, y desde su cruz me miró enternecido: ¡Sitio! “Tengo sed”.

                Aún le restaba amor y sed de padecer más por mí, aún, todavía más… Y un día y otro, si-gue su sacrificio en los altares, a través de los siglos y de los años y de los minutos… ¡Y yo aún sigo pecando!

                ¡Señor, Señor! ¿hasta cuándo?…

                (Silencio)

                Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

                T. ¡Piedad Señor! ¡Piedad! que…

                XIII Estación. Descendimiento del Señor.

                Te adoramos, Oh Cristo, y …

                Sobre el seno de María queda el cadáver de Jesús. Ella, en silencio, contempla y llora… Es mi obra, la que más cuidé, la que mejor concluí. ¡Señora, yo lo hice; yo maté a tu Hijo, con mis crueldades y tibiezas, con mis injusticias y cobardía, con mis impiedades; yo fui, Señora!… Tú me lo diste hecho vida; yo te lo devuelvo muerto… Es mi obra, lo único grande que hice en mi vida, lo único eficaz… Ella, en silencio, contempla y llora…

                Jesús ha muerto. ¿Y yo, tras contemplar y pe-dir perdón, volveré otra vez a empezar?

                (Silencio)

                Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

                T. ¡Piedad Señor! ¡Piedad! que…

                XIV Estación. Jesús es sepultado.

                Te adoramos, Oh Cristo, y …

                El sepulcro del Señor es urna de esperanza. Es silencio prometedor de victorias. Es ansia de resurrección…

                Vigilaban los guardias, y yo vigilaré; esperaban las mujeres, y yo esperaré…, esperaré la aurora del día, cuando venga mi resu-rrección, y el verle cara a cara, y el abrazo estrecho y divino, de duración eterna…

                ¡Ven, Señor Jesús, ven! ¡Apunte la aurora de tu día: ven!

                (Silencio)

                Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

                T. ¡Piedad Señor! ¡Piedad! que …

                20. Celebraciones y otras oraciones

                En los actos que nos son propios

                Invocación al Espíritu Santo

                V. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu Amor. Envía tu Espíritu creador.

                R. Y renovarás la faz de la tierra.

                ¡Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo! Concédenos que guiados por este mismo Espíritu, obremos rectamente y gocemos siempre de sus consuelos. Por Jesucristo nuestro Señor.

                R. Amén.

                Padrenuestro y Gloria

                ¡Reina de los apóstoles!

                Acción de gracias

                V. Te damos gracias, Señor, por todos los beneficios que nos has concedido. A Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

                R. Amén.

                Avemaría y Gloria

                ¡Reina de los apóstoles!

                ¡San Pablo!

                Bendiciones

                Bendición de la mesa.

                Bendice, Señor, estos alimentos

                que por tu bondad vamos a recibir.

                Bendice a aquellos que han hecho

                que llegaran a nuestra mesa.

                Y dáselos a quien no los tienen.

                Por Jesucristo, nuestro Señor.

                Amén.

                Bendición de una casa.

                Señor, Dios todopoderoso, bendice esta casa; reinen en sus muros la salud, la prosperidad, la pureza, el valor, la humildad, la bondad, la dul-zura; la ley sea plenamente cumplida en su re-cinto; dense en ella gracias al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; y no deje jamás de protegerla esta bendición, a ella y a los que la habitan.

                Bendición común.

                Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

                Que hizo el cielo y la tierra.

                El Señor esté con vosotros.

                Y con tu espíritu.

                ¡Oh, Dios!, tu palabra santifica todas las cosas. Derrama + tu bendición sobre este (objeto…) y concede a los que lo van a utilizar saber darte gracias siempre, obedecer tus mandatos y cumplir tu voluntad, para poder alcanzar, por la invocación de tu santo Nombre, la salud del cuerpo y la protección del alma. Por Jesucristo nuestro Señor.

                Amén.

                Ritual

                Bautismo.

                El Bautismo se administra derramando agua natural sobre la cabeza del que se bautiza, di-ciendo al mismo tiempo con la debida intención de bautizar: “Yo te bautizo en el nombre del Pa-dre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.

                El ministro ordinario del Bautismo es el obispo, el presbítero y el diácono (canon 861); pero en caso de necesidad puede bautizar cualquier persona que tenga la debida intención.

                Consagración de un niño a la Santísima Virgen

                Santísima Virgen María, a quien Jesús nos ha entregado como madre en el calvario; te presentamos a este niño que Dios nos ha confiado.

                Por el bautismo hecho hermano de Jesucristo; te lo ofrecemos, te lo consagramos, lo confiamos a tus cuidados, a tu ternura y a tu vigilancia maternales.

                Protéjale Dios, por intercesión tuya, en su cuerpo, y defiéndalo en su alma; si llega a ex-traviarse, persíguele con tu amor maternal y devuélvelo para que obtenga de tu Hijo el perdón y renazca a la vida.

                Y a nosotros, sus padres, ayúdanos en la tarea que en adelante nos incumbirá para con él. Ayúdanos a transmitirle las enseñanzas de la fe, a hacerle vivir según la ley de Cristo, a fin de que un día nos veamos todos reunidos en la casa del Padre, en la intimidad de tu Hijo y en el gozo del Espíritu Santo.

                Oraciones

                A Jesús crucificado.

                No me mueve, mi Dios, para quererte

                El cielo que me tienes prometido,

                Ni me mueve el infierno tan temido

                Para dejar por eso de ofenderte.

                Tú me mueves, Señor; muéveme el verte

                Clavado en una cruz y escarnecido;

                Muéveme el ver tu cuerpo tan herido;

                Muéveme tus afrentas y tu muerte.

                Muéveme, en fin, tu amor, de tal manera,

                que aunque no hubiera cielo, yo te amara,

                Y aunque no hubiera infierno, te temiera.

                No me tienes que dar por que te quiera;

                Porque aunque lo que espero no esperara,

                Lo mismo que te quiero te quisiera.

                Al patriarca San José.

                Oh José, Padre virginal de Jesús y purísimo Esposo de la Virgen María, rogad todos los días por nosotros al mismo Jesús, Hijo de Dios, para que protegidos con las armas de su Gracia, podamos luchar con fortaleza contra los enemigos de nuestra alma y seamos coronados con El en la hora de nuestra muerte.

                Bendita sea tu pureza.

                Bendita sea tu pureza,

                y eternamente lo sea,

                pues todo un Dios se recrea

                en tan graciosa belleza.

                A Ti, celestial Princesa,

                Virgen sagrada, María,

                te ofrezco desde este día

                alma, vida y corazón.

                Mírame con compasión.

                No me dejes, Madre mía.

                Al ángel de la guarda.

                Angel del Señor, que eres mi custodio, puesto que la Providéncia soberana me encomendó a ti, ilumíname, guárdame, rígeme y gobiérname en este día.

                Amén.

                Oración por los que no conocen a Cristo

                ¡Señor Jesucristo! Tú, que, en los momentos más angustiosos de tu Pasión, manifestaste una sed ardorosa de almas, haz que se comunique a nosotros tu sed. Danos luz para formarnos en el conocimiento de tu palabra, y fuerza para colaborar en la predicación de ella, en todos los momentos de nuestra vida, a fin de que llevemos a Ti, a través de tu Santa Iglesia y por intermedio de tu Santa Madre,

                tantas almas como viven alejadas de la Verdad, para que contigo, por Ti y en Ti, se reconcilien con tu Eterno Padre, en unión del cual, y con el Espíritu Santo, vives y reinas por eternidad de eternidades. Amén.

                Oración a la Virgen María de Juan Pablo II en la exhortación apostólica “Christifideles Laici”.

                Oh Virgen santísima,

                madre de Cristo y madre de la Iglesia,

                con alegría y admiración

                nos unimos a tu Magnificat,

                a tu canto de amor agradecido.

                Contigo damos gracias a Dios,

                “cuya misericordia se extiende

                de generación en generación”,

                por la espléndida vocación

                y por la multiforme misión

                confiada a los fieles laicos,

                por su nombre llamados por Dios

                a vivir en comunión de amor

                y de santidad con él

                y a estar fraternalmente unidos

                en la gran familia de los hijos de Dios,

                enviados a irradiar la luz de Cristo

                y a comunicar el fuego del Espíritu

                por medio de su vida evangélica

                en todo el mundo.

                Virgen del Magnificat,

                llena sus corazones

                de reconocimiento y entusiasmo

                por esta vocación y por esta misión.

                Tú que has sido,

                con humildad y magnanimidad,

                “la esclava del Señor”,

                danos tu misma disponibilidad

                para el servicio de Dios

                y para la salvación del mundo.

                Abre nuestros corazones

                a las inmensas perspectivas

                del reino de Dios

                y del anuncio del evangelio

                a toda criatura.

                En tu corazón de madre

                están siempre presentes los muchos peligros

                y los muchos males

                que aplastan a los hombres y mujeres

                de nuestro tiempo.

                Pero también están presentes

                tantas iniciativas de bien,

                las grandes aspiraciones a los valores,

                los progresos realizados

                en el producir frutos abundantes de salvación.

                Virgen valiente,

                inspira en nosotros fortaleza de ánimo

                y confianza en Dios,

                para que sepamos superar

                todos los obstáculos que encontremos

                en el cumplimiento de nuestra misión.

                Enséñanos a tratar las realidades del mundo

                con un vivo sentido de responsabilidad cris-

                tiana y en la gozosa esperanza

                de la venida del reino de Dios,

                de los nuevos cielos y de la nueva tierra.

                Tú, que junto a los apóstoles

                has estado en oración

                en el cenáculo

                esperando la venida del Espíritu de

                Pentecostés, invoca su renovada efusión

                sobre todos los fieles laicos, hombres y mujeres, para que correspondan plenamente

                a su vocación y misión,

                como sarmientos de la verdadera vid,

                llamados a dar mucho fruto

                para la vida del mundo.

                Virgen Madre,

                guíanos y sosténnos para que vivamos siempre

                como auténticos hijos e hijas

                de la Iglesia de tu Hijo

                y podamos contribuir a establecer sobre la tierra la civilización de la verdad y del amor,

                según el deseo de Dios

                y para su gloria.

                Amén.

                Hombres nuevos. Himno de “Christifideles Laici” Movimiento para la Nueva Evangelización.

                Danos un corazón grande para amar.

                Danos un corazón fuerte para luchar.

                * Hombres nuevos, creadores de la historia,

                constructores de nueva humanidad.

                * Hombres nuevos, que viven la existencia,

                como riesgo de un largo caminar.

                * Hombres nuevos, luchando en esperanza,

                caminantes sedientos de verdad.

                * Hombres nuevos, sin frenos ni cadenas,

                hombres libres que exigen libertad.

                * Hombres nuevos, amando sin fronteras,

                por encima de razas y lugar.

                * Hombres nuevos, al lado de los pobres,

                compartiendo con ellos techo y pan.

                * Hombres nuevos, viviendo en la Gracia,

                la experiencia del amor a Dios.

                * Hombres nuevos, sin respetos humanos,

                y que saben que Cristo es el Señor.

                * Hombres nuevos, que iluminan su vida,

                con la luz que el Espíritu da.

                * Hombres nuevos, teniendo a María

                como Madre que guía a la Verdad.

                Salve Regina (texto latino)

                Salve Regina, Mater misericordiae, vita, dul-cedo, et spes nostra, salve. Ad te aclamamus, exsules, filii Evae. Ad te suspiramus, gementes et flentes in hac lacrimarum valle. Eia ergo, ad-vocata nostra illos tuos misericordes oculos ad nos converte. Et Jesum, benedictum fructum ventris tui, nobis post hoc exilium ostende. O clemens, o pia, o dulcis Virgo María.

                Oremus:

                Omnípotens sempitérne Deus, qui gloriósae Vírginis Matris Maríae corpus et ánimam, ut dignum Fílii tui habitáculum éffici mererétur, Spíritu Sancto cooperánte, praeparásti: da, ut cuius commemoratióne laetámur; eius pia intercessióne, ab instántibus malis et morte per-pétua liberémur. Per eúmdem Christum Dómi-num nostrum.

                Amén.

                Divinum auxílium maneat semper nobíscum.

                Amén.